El nuevo gobierno de Nuevo León representa la llegada por primera vez de un candidato sin partido al poder ejecutivo de una entidad federativa pero además el recordatorio de poder presenciar y ser sujetos de nuestro contexto político y momento histórico.
Nuestro contexto y momento es de límite, quizá extremo, en el que tanto mirar hacia atrás como dar un paso hacia delante en falso puede significar la ruina y el caos. México ha soportado mucho agravio y, pese a todo, lo ha hecho bien. Este barco, México, está averiado por las tempestades y la tripulación, sobre todo la que manda, está en desorden y en actitud impropia a cualquier tormenta. No puede gritarse que hay tierra a la vista cuando lo que está enfrente es un iceberg. Este país no aguantaría mucho más si no cambiara.
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Sin embargo en atención a la sistemática particularidad de México*, el dicho “donde manda capitán, no gobierna marinero” se ha invertido y éstos, viendo el iceberg que nos acecha y la caótica mentalidad de los capitanes, han empezado a organizarse para mantener el barco a flote, para atravesar sin más daños la tempestad y, en su momento, hacer un mejor navío. Por supuesto, esto tiene su bemoles. Si algún marinero no busca conservar la vida, la integridad y la seguridad de los demás, sino que las velas que se hayan de renovar en la embarcación no tengan impresas más que la cruz de su parroquia mientras los otros batallan de más por conservar el barco navegando o de menos flotando, probablemente lo que ese marinero desee no sea salir de la tormenta para ir a un mar seguro sino salir para estar seguro él.
Esa administración desconocida y novedosa empieza como parte de este fenómeno. Con un gran empuje electoral, “El Bronco” ganó; más allá de si atrás de él están los empresarios regios de mucho dinero –como preguntó Loret de Mola- o el salinismo –como dice Andrés Manuel-, Rodríguez Calderón tuvo el doble de votos que la candidata del PRI. Suponiendo sin conceder que Salinas, el PRI, “El Jefe” Diego, los empresarios de Nuevo León y quien sea esté detrás de “El Bronco”, atrás también tiene una fuerza social y ciudadana grande –que trasciende Nuevo León- y desafiante. Es eso lo interesante de nuestro tiempo. Por más que esté quien esté detrás del gobernador de Nuevo León, en la actualidad no es posible que alguien haga que por esa sola razón un candidato doble a su más cercano contrincante en la elección y menos en ese estado. Es eso lo importante. Que la gente haga lo que como sociedad y ciudadanos debe hacer, que las personas se involucren en los asuntos públicos, es lo relevante.
Por otro lado prefiero ser prudente con los calificativos. “El Bronco” definitivamente no es independiente, pero nadie lo es; siempre actuamos por un interés que por más amplio, incluyente y bien intencionado que sea, precisamente responde a razones personales y en ese momento la independencia se rompe. Probablemente “el Bronco” tampoco haya sido un candidato ciudadano –más bien, todos los candidatos son ciudadanos- y no sea un gobernador ciudadano. “El Bronco” fue un candidato y es un gobernador sin partido, lo cual parece sano en nuestro contexto; y, por el bien de la república espero que así sea. El que no tenga partido posiblemente también inaugure una nueva actitud social; es decir, ante el desgaste de las instituciones políticas, la exigencia a propuestas más abiertas e incluyentes o que abarcan fenómenos y situaciones sociales más amplios y que discriminan menos que los partidos políticos, quizá va a ser mayor. Esto es lo significativo. Que la gente y el gobierno, en común entendimiento, realicen sus labores de la mejor manera posible; que este entendimiento y la realización de estas labores sea lo más virtuoso y lo menos vicioso posible. “El Bronco” es un gobernador tal vez no ciudadano pero sí social y no partidista, por lo cual tendrá que reconocer con claridad, sin filias ni fobias, con mayor precisión, tal como lo permite la sociedad organizada, los obstáculos en su gobierno, los que deberán ser efectivamente “piedras en el zapato” y no ocurrencias o caprichos del gobernador.
Volver a los orígenes, puede ser la primera enseñanza de “el Bronco”.
Confío en que puede hacer un buen trabajo. Inicialmente anunció algunas medidas interesantes e importantes, sobre todo financieras y de planeación. Lo que más me atrajo fue su compromiso por no dar dinero a las televisoras, qué bueno. Probablemente mi visión sea la errónea, pero va en contra de lo planteado por científicos sociales y mercadólogos, entre otros, y es que el gobierno no debe invertir en promocionarse; el gobierno tiene que hacer lo que le corresponde sin necesidad de templetes o anuncios; el gasto en comunicación social debiera ser para tender vínculos transparentes y eficaces entre el gobierno y la sociedad y ciudadanía, no para la vanidad del primero; menos ahora que hay medios electrónicos con grandes potenciales para interactuar.
El gobierno que encabeza “el Bronco” tiene a su favor ser el emblema que representa este momento: la disposición, de menos expresa, del gobierno por actuar como debe hacerlo; y, la disposición social para involucrarse en los asuntos públicos.
* En Cataluña votó el 63 % del padrón para decidir si se independizaban o no de España; en México votó el 47 % en la elección intermedia; independencia frente a elección intermedia: ¡y nos atrevemos a decir que los porcentajes de votación en México son bajos! No son bajos, al contrario: hay mucha fe en la democracia; comparado junto a países de mucho mejor desarrollo democrático, México tiene porcentajes de votación iguales o superiores.
Twitter: @JAbrahamRojas