Miles de personas se dieron cita en las calles de la Ciudad de Monclova, finalizando el mes de junio para exigir que el gobierno federal ponga fin a la importación de acero proveniente de China, cuyos bajos precios, amenazan la subsistencia de la empresa Altos Hornos de México y con ello al mayor número de plazas laborales existentes en la región.
En los actuales momentos, a mes y medio de haber tenido verificativo el referido mitin en la ciudad de Monclova, y tras la decisión tomada los pasados días 11, 12 y 13 de agosto por el Banco Central de la República Popular China, el precio del acero en cuestión se ha abaratado más aún con las consabidas implicaciones sobre la vida de las familias que laboran en Altos Hornos de México.
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El pasado 8 de julio, por lo demás, los mercados financieros del mundo se verían sacudidos cuando tras un auge alcista inusitada de más de 150% de avance a lo largo del presente año, el mercado de valores de Shanghái experimentará una abrupta caída que equivaldría a una pérdida cercana al 30% de su valor nominal; coincidentemente, a manera de augurio nada propicio, por esas mismas fechas la bolsa de valores de Nueva York cerraría sus puertas durante toda una jornada contribuyendo con ello a incrementar el nerviosismo en los circuitos financieros internacionales, los boletines de prensa aducirían al respecto fallas técnicas en los sistemas de cómputo por medio de los cuales se fijan y establecen los principales índices de cotización bursátil de la plaza en cuestión como serían el NASDAQ, el Standard & Poor's, y el consabido Dow Jones; fallas técnicas, que, por lo demás, no han sido suficientemente explicadas ante la opinión pública.
Tradicionalmente octubre había sido el mes de los desplomes en los mercados de valores en concordancia con el cierre del ejercicio fiscal en los Estados Unidos, ya hablásemos de manera indistinta del jueves 25 de octubre de 1929 o del martes 19 de octubre de 1987, en los días que corren, sin embargo, desde el cálido y veraniego mes de julio todo parece indicar que nos espera un otoño que rememorará en mucho al señero año de 1937; cuando, haciéndose eco de un discurso ramplón, ridículo, decimonónico y victoriano, la administración del presidente Roseevelt restauró una política de austeridad fiscal y monetaria con lo que se reeditó la terrible depresión económica de 1929.
Ante el panorama nacional e internacional que se vislumbra, cabría preguntarse, si acaso, no habría llegado la hora de sustituir importaciones, tal y como lo hicimos durante la postguerra, atendiendo, sobre todo, al hecho por demás significativo, de que, el momento en el que país llegó a crecer en 11 %, fue durante el gobierno de Adolfo López Mateos, precisamente cuando imperaba plenamente y a cabalidad entre nosotros una política de sustitución de importaciones.