La designación virtual de Manlio Fabio Beltrones al frente del PRI, como toda decisión presidencial es fuente de múltiples comentarios. Entre esos hay interpretaciones serias, especulaciones desproporcionadas y anhelos personales.
El lugar común se va más por la imagen de este político sonorense y menos por las razones de quien lo pone. En esto último, me parece, se encuentra el mayor punto de interés. Es decir, el hecho de que el presidente Peña da un giro a su forma de gobernar. A este nombramiento en el PRI hay que agregar el golpe de mano en Oaxaca contra la CNTE.
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Antes de ambas decisiones el presidente parecía seguir una inercia acotada por tres núcleos de poder. Quienes lo tienen cercado o bloqueado: Osorio Chong, Luis Videgaray y Aurelio Nuño. De pronto rectifica y toma un sendero brusco. En Oaxaca lo que marca el sentido común y político: frenar el chantaje y recuperar el control del gobierno. Por fin lee el presidente, por lo menos lo que reiteran las encuestas.
En el caso del PRI ver más allá de lo que, todo indica, le marcaban sus cercanos.
La influencia de los tres de la élite del poder no desaparece, hay que registrarlo. Diez años de una estrecha, pesada, poderosa cercanía de Videgaray están vigentes e incólumes, por citar un caso. Sólo que parece que el presidente, por fin, ve más allá de este círculo. Presta oído a otras voces y decide tomar sus propias decisiones superando una actitud hasta ahora timorata y pusilánime.
Este gesto puede quedar en eso, un gesto solamente, o la punta de una serie de rectificaciones. Los días que vienen darán la pauta.
Hasta ahora, tal mueca presidencial no debe calibrarse más allá de lo que hasta hoy es. Caen en la fantasía quienes comentan o creen que con la unción de Manlio una luz celestial indica un diluvio democrático en el PRI. Nada hay nuevo bajo el sol. Es una voluntad vertical que cae a plomo porque el sonorense hace falta ahí para la sobrevivencia del grupo en el poder.
Este proceso, igualmente hay que decirlo, está tan lejos de la democracia como los que siguen PAN y PRD, por lo menos, en sus cambios y ajustes cupulares. Esto, tengámoslo claro, explica a la perfección lo que nos dicen las recientes encuestas: los partidos tienen apenas el 5.1% de la confianza de la gente… ¡debajo de la policía, que registra 5.8%!
Y ello tiene una explicación muy referida, esos organismos sirven a sus intereses grupales, no a la gente.
Ahora, Manlio no posee la aureola que muchos creen verle. Dentro de la élite jurásica del tricolor es un abanderado sobresaliente. No es un ideólogo, ni poseedor de un discurso innovador, ni un pensador que venga a aportar luces a una democracia moderna como la que el país requiere.
Los académicos lo describen como “un político que no tiene capital social, que ha basado su liderazgo –dentro de la elite de la cúpula burocrática del PRI- en su capacidad de operación.”
El Departamento de Estado de los Estados Unidos lo refiere como “un impecable operador político que florece y prospera en la política de puertas cerradas; un político que no puede quedar desempleado porque sería un desempleado incómodo.”
Él está consciente de su papel y, siguiendo fielmente la ortodoxia de su partido, acepta de muy buen grado poner esta fama y habilidades que posee al servicio del presidente. Si esos servicios al paso del tiempo le rinden dividendos para buscar la presidencia Manlio no se va a hacer a un lado.
Los fletes que va a cobrar por las luchas electorales de los próximos meses le ofrecerán un trampolín natural para más alto y él… él es, ante todo, un animal político.
Nada fácil será ese camino. El gobierno tiene muy mala imagen, producto de múltiples yerros, y estos como parte de la corrupción y desconfianza en su derredor. Eso es parte del enorme lastre de Manlio, responsable ahora de lavar caras y manos sucias que no son las propias.
Al sonorense, la vida le ha asignado un papel importante en las circunstancias de la nación. Primero un probable contrapeso interno del muy criticado y vapuleado gobierno de Peña Nieto. Si lo dejan hablar, si lo dejan actuar, si lo escuchan al menos, puede ser una suerte de bote salvavidas del gobierno que hoy contrata sus servicios. Todo esto está por verse.
Luego vendrá su propio destino. Pero ese es otro juego. Y habrá que verlo y juzgarlo.
Como decía don Fernando Marcos, “es mejor ser cronista que profeta…”