Como seres humanos anhelamos permanecer en paz, sin embargo, nuestra especie ha evolucionado siempre de forma violenta. A diferencia de otras especies, el ser humano tiene la característica de desarrollarse en sociedades, las cuales también van evolucionando y generando nuevos entornos, ideas y formas de relacionarnos; evolutivamente podemos ver que nuestra especie busca forjar su existencia compitiendo con los demás, acabando con el otro igual o parecido, desplazándolo o erradicando su existencia de una manera violenta. A lo largo de la historia hemos intentado desarrollar instituciones que civilicen el proceso evolutivo, pero no lo hemos logrado ¿El ser humano está condenado a autodestruirse por su naturaleza violenta?
Los seres humanos somos animales políticos (zóon politikon) dice Aristóteles, es decir, somos animales que necesitamos de otros de nuestra especie para sobrevivir. Desarrollamos nuestra vida en espacios donde interactuamos con otros animales políticos, como las grandes metrópolis, que a su vez se conforman de espacios más reducidos como barrios o condados y éstos también tienen otros espacios de interacción como los parques, cines, las escuelas o lugares de trabajo. De esta forma generamos estructuras sociales y políticas con otros de nuestra especie para interactuar y sobrevivir.
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Al mismo tiempo que generamos estructuras sociales y políticas donde interactuamos, también nos desentendemos con otros animales políticos con diferentes estructuras y formas de organizarse. Las guerras entre imperios, países, religiones, sistemas económicos, civilizaciones no es más que la falta de aceptación de los otros animales políticos distintos a nosotros. Existe cierta naturalidad en nuestro comportamiento violento.
El hombre es el lobo del hombre decía Thomas Hobbes en el Leviatán, magnífico libro que explica el estado natural del ser humano y su organización social. Hobbes explica que en la naturaleza el ser humano suele estar en guerra, ese espacio donde todos compiten contra todos de una manera violenta y gana el más fuerte, esto tiene una gran lógica ya que la evolución del ser humano y la sociedad se a caracterizado por erradicar, desplazar o someter a otros seres humanos con menos desarrollo tecnológico, algo que se logra viviendo y desarrollando las sociedades.
Como en la excelente película Odisea del Espacio (A Space Odyssey) de Kubrick, los monos, que representan nuestro pasado, descubren que las herramientas los vuelven superiores a otros monos, por lo tanto empezamos la carrera por entender la naturaleza y desarrollar herramientas que nos volvieran superiores a los mismos de nuestra especie o a otros homos (género de primates que agrupa a las especies consideradas humanas) con los que teníamos que competir por el escaso alimento o por un mejor entorno para la crianza. Evolucionamos a base de la destrucción de otras especies.
Tal parece ser el caso del el hombre de Neanderthal y el recientemente descubierto Homo floresiensis. Dos especies de homos, las cuales parece que se extinguieron a causa de la superioridad del Homo Sapiens, mejor conocido como el ser humano, el cual probablemente desarrolló socialmente ventajas, como la aleación de los metales, para desplazar y extinguir a estas especies. En mi opinión la violenta superioridad de unos sobre otros es una ventaja evolutiva que también podría llevar al ser humano a su propia desaparición.
Recomiendo este artículo de María Emilia Chávez Lara sobre el Homo floresiensis, ya que gracias a ella escribo esta columna:
http://www.nexos.com.mx/?p=24741a
Alan Betancourt Torres