Pareciera que el presidente Peña Nieto persiste en gobernar (y gobernar, es un decir) con sus amigos y no con eficientes colaboradores. De otro modo, no se entiende que los problemas se acumulan, surgen nuevos y su gobierno parece ajeno a lo que le rodea y a lo que ocurre en el país.
No hay semana en la que en el escenario de la nación no aparezcan noticias, conflictos o señalamientos de corte negativo para su gobierno. Cierto, todo gobierno tiene que lidiar con asuntos adversos. Eso es consustancial al reto de estar en la cúspide del poder. Pero lo llamativo aquí es la persistencia de asuntos complicados que saturan la agenda y no encuentran salida.
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El acierto en el caso Oaxaca resulta como una aguja en un pajar.
En los últimos siete días tres temas se suman a esa ya larga lista de pendientes o semáforos rojos. Uno es la permanencia de informaciones que tienen que ver con su vida matrimonial. Esto, por ser de competencia personal no debía ser referencia mediática. Sin embargo, debe recordarse que el mismo mandatario ha vuelto insistentemente público lo que por naturaleza debería ser privado.
Desde su candidatura su figura ha estado asociada profusamente a la popularidad de su señora esposa. Eso es bueno en el ascenso, pero tiene severos costos cuando se da, como es el caso, una sobre exposición ya en funciones. Hoy, para colmo, ciertos medios han mostrado obstinación por encontrar y exhibir desacuerdos en la pareja.
Cierto o falso, esa información lejos de frenarse, administrarse o aclararse, se deja correr y encuentra resonancias mil todo el tiempo. Lo más reciente son las fotos de la esposa en Italia con una agenda personal, luego de que el mandatario regresó sólo en el avión presidencial. Con todo lo que este hecho alienta en la información ligera o frívola.
Nada bien se toma en diversos círculos esta disfunción en la figura presidencial, sobre todo en vísperas de la ceremonia del Grito, donde las miradas de millones de mexicanos se centran en la pareja más importante del país.
El segundo hecho es la documentada y extensa nota que publica el New York Times sobre las casas que recibió el presidente, su esposa y Videgaray del contratista consentido del sexenio, titular de la empresa HYGA. Es evidente que el asunto ni está cerrado ni está muerto. Y el hecho de que lo aborde de esa manera el periódico más importante del mundo sitúa nuevamente a Peña en el centro de la atención mundial con un terrible sello negativo.
Este asunto, consentido por Peña Nieto, se ha tornado en un fantasma que parece que le acompañará todo el sexenio. Y peor si, como se dice, en breve el investigador designado por el presidente dará una información exculpatoria del mandatario. De ser así, veremos el clásico intento de sofocar un incendio con cubetas de gasolina.
Y el tercer hecho es su popularidad. La reciente encuesta de Reforma (31 julio 2015) es demoledora, no hay otra palabra. Cayó hasta el 34% la aprobación de los ciudadanos a la forma en que hace su trabajo el presidente. Pero lo peor: la aprobación de los líderes de opinión consultados por el diario se va casi hasta el subsuelo (casi da con el túnel del Chapo) …¡15% aprueban su tarea!!
Y pasan los días, brotan los problemas, se multiplican las críticas, se acumulan los rezagos, se hacen más obesos los pendientes, y nada se mueve que corrija, rectifique o imprima un giro contrario al flujo negativo dominante hace ya mucho tiempo.
Retomando lo dicho al principio: si son sus “amigos” quienes rodean, sellan, cubren, guían, orientan o protegen al presidente, y él admite y disfruta esa zona de confort artificial, el responsable es uno solo: el propio presidente. No hay más. Es absurdo encontrar o fabricar culpables periféricos del poder. No hay peor ciego que quien se ata una gruesa citan negra en los ojos.
Ahí estaría una errónea y elemental concepción del poder. El jefe que se rodea de colaboradores sumisos, cómplices, condescendientes con el sacrosanto “principio de autoridad” mexicano, está cavando su tumba desde que toma el poder.
El jefe que suma a su equipo a los mejores en cada disciplina, aunque no sean sus amigos, tiene mejores perspectivas de éxito en toda encomienda. Y en el camino los puede hacer sus amigos.
Es triste, muy triste, pero me parece que cada día y los hechos que trae consigo, nos muestran de modo contundente que estamos ante un gobernante abajo, muy por abajo de lo que la sociedad y la nación merecen. Deseo estar terriblemente equivocado.