Acertado, aunque tardío, el giro que le ha dado el gobierno federal al conflicto en Oaxaca.
La pinza que se cierra contra la dirigencia de la CNTE obedece a una planeación minuciosa. Varias dependencias clave de la federación ponen su parte. Curioso: Chuayfet es quien, en los hechos, aparece más ajeno, no obstante que el asunto es de su directísima competencia.
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Eso revela que el tratamiento que se da al problema es eminentemente político. Y es correcto. Los líderes del movimiento todo el tiempo han rebasado el marco sindical. Han dejado claro que defienden un andamiaje de privilegios, dinero a torrentes e impunidad.
La lucha por la educación de esta cáfila de vividores es una fachada. Ellos han sido la punta del ariete, los beneficiarios más directos, pero no los únicos. Los últimos tres gobernadores de Oaxaca, Heladio, Murat y Ulises han sido artífices y cómplices de esa podredumbre.
Ellos, con el presupuesto de los mexicanos, pagaron una paz artificial y un tránsito lubricado de sus sexenios. La federación (presidentes de la república priistas y panistas) puso oídos sordos y “compró” el orden de estos tiranuelos.
Hoy viene la reacción gubernamental con una estrategia al parecer bien articulada. Le cortan de modo tajante la fuente de aprovisionamiento económico a la CNTE, y desarticulan su bastión de control.
Simultáneamente, refuerzan al gobernador y a las instalaciones claves con miles de policías, soldados y marinos. El caso lo requiere. Lo que se vive en esa entidad es casi una rebelión sin causa. En todo este operativo solo ha brotado un punto vulnerable para la federación: la propaganda.
Las encuestas hechas allá en Oaxaca, en el lugar de los hechos, muestran a una opinión pública tímida y un tanto renuente a apoyar la estrategia federal. Y es que crear el clima apropiado para una operación de esta envergadura era, ES, de primera importancia, de carácter triple A. El gobierno federal descuidó esta parte de la estrategia global.
Si se enfrenta a un grupo que en sus momentos de mayor activismo ha movilizado a un mínimo de 50 mil elementos con focos simultáneos de provocación y chantaje, que ha tenido en su poder absoluto el área educativa del estado, el presupuesto millonario de las nóminas docente y administrativa, que ha doblegado a los poderes estatales, a los partidos, que ha sometido y humillado a la sociedad, todo esto debió haberse expuesto con información confiable, intensa e irrefutable.
Este trecho era, a no dudarlo, el 60 por ciento del operativo. El paracaídas para asegurar la sensibilización de la sociedad oaxaqueña ante un golpe de mano vertical. Máxime que la acción viene precedida de un hecho de altísimo impacto noticioso contrario al gobierno federal, como es la fuga del Chapo.
Han pasado las horas, los días, y aún no se nota que el gobierno federal corrija esta grave pifia. Y cada hora que se pierde, en estos momentos, son puntos a favor de los líderes de la CNTE.
En ciertos medios de comunicación nacionales, ante este vacío informativo para apuntalar la acción federal, han manejado la operación hasta con un cierto tono deportivo: “viene la revancha”, “hay que esperar la reacción”, “esto apenas empieza”.
Esto no revela más que carencia de elementos contundentes, probatorios, y creíbles, de las trapacerías, abusos y cadena de hechos delictuosos que busca sancionar y corregir la autoridad.
Lo deseable es que esta parte se subsane en las próximas horas y que, con la ley en la mano, con energía, no con violencia, el gobierno dé muestras de que actúa conforme a derecho, corrige de fondo una situación profundamente anómala, ofrece alternativas legales, justas e inteligentes para superar un cáncer que corroe a la sociedad oaxaqueña, y que por encima de todo salvaguarda el clima de tranquilidad que hace muchísimo tiempo está roto en ese estado.
Si la federación logra superar con habilidad, pertinencia y tino este conflicto, será quizá su primer gran acierto en el terreno político en un campo espinoso, casi minado. Será una demostración de que, al interior del poder ejecutivo se ha superado esa actitud pusilánime, timorata y torpe que ha sido lo común en lo que va del sexenio.
Me parece justo que la federación cuente ahora con el beneficio de la duda.