No existe hasta este momento pista alguna que permita advertir que en la sesión de Consejo Político del PRI este sábado en el Distrito Federal, se vaya a comenzar dibujar o construir la candidatura a la Presidencia de México que ese partido necesita.
La liturgia partidista establece que nunca un mandatario de extracción priista atestigüe el arranque del camino de su sucesor ante la plana mayor convocada para otros propósitos a la vista: el fin de un ciclo que se va con César Camacho e Ivonne Ortega, presidente y secretaria general.
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En política lo que parece es. Y lo que viene después del acto multitudinario en la explanada del complejo de edificios de Insurgentes Norte es el relevo de la dirigencia, los enroques en el gabinete presidencial y los reacomodos de fuerzas políticas con un propósito ulterior.
En Puebla existen varias veladoras encendidas para que el milagro se haga. Independiente del método escogido por las cúpulas para el relevo de la dirigencia partidista, esperan que la designación recaiga en el sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, forjado en la trinchera de la política-política.
“Se resolverían todos nuestros problemas” me dijo uno de los militantes considerados distinguidos a la sola mención de que el todavía coordinador de la bancada priista llegue al partido político que en la esfera doméstica ha vivido en la penuria, desde que perdió la elección de gobernador con Javier López Zavala.
En las próximas semanas se verá si las veladoras convoca a los santos idóneos para que este dogma fundado en el análisis de los fieles se consolide y con ello materialice el endurecimiento de la praxis política en un momento preciso para Puebla: la renovación de poder Ejecutivo en 2016.
Esos anhelos cobran un nuevo sentido, sobre todo a la luz de la filtración a columnas políticas de la prensa capitalina desde la casa presidencial del nombre de un político que había estado fuera del mapa, César Duarte Jáquez que en teoría debería gobernar Chihuahua hasta 2016.
Nada de eso se deberá materializar sino hasta que se haya cumplido con el ritual priista. Antes que el número dos está el uno, dicen militantes de la vieja guardia para subrayar lo obvio.
El reconocimiento de Enrique Peña Nieto a la dirigencia que se va con César Camacho e Ivonne Ortega ante la presencia del priismo nacional y el apoyo de esa fuerza política a un cuestionado Presidente que por momentos parece acompañado por un mal fario.
Lo más recomendable será tratar de advertir las señales que salgan de ese evento multitudinario este fin de semana. No hay que olvidar que la clase política priista que regresó al poder después de la proclama de la “sana distancia” de Ernesto Zedillo hace 21 años, acostumbra engañar con la verdad.
Twitter: @FerMaldonadoMX