Muchas lecturas deja la elección del 7 de julio, que fue fundamental para disipar dudas para acallar premoniciones y, lo más importante, para ratificar el gran proyecto nacional que no se detiene y que camina con pasos firmes, con un escenario de futuro prometedor y de bienestar.
En junio pasado, los mexicanos depositaron 12 millones de votos a favor del PRI, consolidándose así como primera fuerza electoral en el país, en condiciones de alta votación, incluso superiores a las expectativas y que demostraron que la propuesta del partido está vigente, totalmente vigente.
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También fue un duro golpe para todos aquellos opositores quienes pusieron sobre la mesa la diatriba y la descalificación barata sobre los resultados del Gobierno de la República y que cuestionaron la visión reformadora que nos tiene hoy con cimientos sólidos para el futuro.
¿Qué es lo que viene, cuál es el reto de este gran proyecto nacional? Sin duda el avance de las 12 reformas transformadoras impulsadas hasta el momento y que demandan su implementación de manera ágil y socialmente rentable.
Esa es la ruta que ha marcado el Gobierno de la República, claro que habrá críticas, porque necesariamente el camino de las reformas afecta intereses, mueve lo que ya está anquilosado y ahora demanda nuevas estructuras, participación y competencia en rubros que hasta ahora no se había dado.
Tenemos un marco de transparencia y de combate a la corrupción que arropa las reformas técnicas y económicas, las laborales y la educativa, entre otras. Es decir, contamos con nuevas reglas que no serán fáciles de asimilar para aquellos que por consigna y rentabilidad política han mantenido posturas críticas, sin razón y sin argumentos.
Las elecciones en México sin duda marcan un parteaguas, pero las instituciones del país deben fortalecerse para que la nación camine, independientemente de saldos electorales y para eso el PRI se ha convertido en un partido que invita y conlleva al diálogo con las otras fuerzas políticas, con el único objetivo de avanzar en el bienestar de los ciudadanos.
En estados como el nuestro, donde estamos en la lucha por recuperar espacios perdidos, hay un horizonte promisorio si vemos el contexto nacional y utilizamos la unidad como premisa fundamental para alcanzar no sólo triunfos electorales, sino fortaleza para incidir en la vida política y social de Puebla.