“Gracias a las computadoras hoy podemos resolver
mucho más rápidamente problemas que antes
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no teníamos”.
Gabriel Anaya S.J.
La semana antepasada fuimos testigos o tal vez partícipes de la viralización en las redes sociales de las declaraciones del semiólogo y escritor italiano Umberto Eco respecto del espacio virtual: "El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad", dijo con buena dosis de razón el autor de El nombre de la rosa a los periodistas que cubrieron una rueda de prensa en el Palacio de la Real Escuela de Equitación de Turín, donde recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de esta ciudad, donde estudió Filosofía.
“Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad”, continuó diciendo Eco, “enseguida (a éstos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel. Es una invasión de imbéciles”.
Estas declaraciones se difundieron ampliamente por las redes sociales y se reprodujeron millones de veces, causando reacciones muy diversas y encontradas. Por una parte las de quienes le dan la razón a Eco por tocar, atreviéndose a romper la corrección política, un tema fundamental que es evidente ante la explosión de las redes sociales y los espacios de expresión virtuales: nos encontramos ante una avalancha de opiniones, interpretaciones y puntos de vista que sin necesidad de ninguna evidencia o argumento sólido se aceptan como válidas o verdaderas solamente porque tienen una amplia difusión y se comparten o retuitean muchas veces.
Estamos en el reino de la opinión en el que se asume como principio la falacia de que todas las opiniones son igualmente válidas y que todos tienen razón desde su propia perspectiva. Ya el filósofo vasco Fernando Savater se ha pronunciado claramente en contra de esta falacia: “Todas las personas son respetables, sean cuales fueren sus opiniones, pero no todas las opiniones son respetables. Y la idea de que es un signo de democracia o de libertad que cualquier idea vale lo mismo…y que da lo mismo que quien la sostiene ignore los mecanismos del asunto, no pueda aportar ninguna prueba, no tenga datos, sea incapaz de razonar su postura, vale lo mismo que la opinión de quien conoce el asunto, me parece preocupante”, dice en su discurso Potenciar la razón que se puede leer en: http://www.javeriana.edu.co/decisiones/savater.PDF .
Por otra parte las reacciones críticas se centraron en el derecho que tiene el tonto del pueblo, en el derecho que deben tener “las legiones de imbéciles” de expresar su opinión y hacer que los demás la lean o escuchen. En este sentido las redes sociales están contribuyendo a democratizar la expresión de las ideas, evitando que la sociedad esté encerrada en un pequeño círculo de opinólogos profesionales, lo cual puede ser un impedimento para poner sobre la mesa pública, puntos de vista distintos.
Desde una perspectiva de complejidad, podemos ver claramente que ambas posturas no son excluyentes y que los dos puntos de vista tienen razón a pesar de ser opuestos.
La paradoja de la internet y las redes sociales es que se convierte en una especie de amplificador de la conversación social –una especie de sistema de micrófonos y bocinas que permiten a todos escuchar la opinión del tonto del pueblo en el bar y también las voces de los parroquianos que reaccionan para callarlo- lo que por un lado es positivo puesto que da voz a los que antes de las redes no tenían voz, pero por otro lado tiene el grave riesgo de convertir cualquier opinión sin sustento en una verdad incuestionable y de seguir entronizando la falacia de que todas las opiniones son igualmente válidas, tengan o no fundamento o evidencia razonable.
El desafío de la educación en la sociedad de la información y de las redes sociales está en ir formando la inteligencia individual y colectiva para generar una conversación progresivamente menos visceral y sesgada, cada vez más inteligente y razonable, cada vez más responsable en sus afirmaciones.
En este marco hay que celebrar y difundir la iniciativa México X del gobierno federal a través de la Secretaría de Educación Pública que utilizando la plataforma open EdX de la Universidad de Harvard y el MIT, ofrecerá cursos en línea de las universidades mexicanas más prestigiadas de manera gratuita a todos los interesados.
El comunicado con la información respecto a esta iniciativa se puede leer en: http://www.sep.gob.mx/es/sep1/C165062015#.VZAtAqa8fLa y ya están abiertos de manera piloto, diez cursos a los que se puede inscribir cualquier persona.
Este es un ejemplo de la forma en que internet puede no solamente impulsar el reino de la opinión sin fundamento y ampificar la voz del “tonto del pueblo” sino volverse un espacio que brinde acceso a espacios formativos a toda la población.
Parece evidente que la respuesta educativa ante la paradoja de internet y las redes sociales no es cerrar el espacio a las “legiones de imbéciles” y volverlo exclusivo para los especialistas sino hacer que la conversación social aprenda a distinguir entre opiniones y conocimientos y pueda tener cada vez mejor nivel.