A PHP Error was encountered

Severity: Warning

Message: strip_tags() expects parameter 1 to be string, array given

Filename: views/seo_nota_opinion.php

Line Number: 45

Backtrace:

File: /mnt/volume_nyc3_01/html/api/application/views/seo_nota_opinion.php
Line: 45
Function: strip_tags

File: /mnt/volume_nyc3_01/html/api/application/controllers/Welcome.php
Line: 1246
Function: view

File: /mnt/volume_nyc3_01/html/api/index.php
Line: 315
Function: require_once

Ya (no) votamos: ¿Y ahora? | Juan Martín López Calva
Logo e-consulta

Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ya (no) votamos: ¿Y ahora?

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Junio 8, 2015

“La democracia se sirve de dos circuitos recursivos: 1.-Los gobiernos dependen de los ciudadanos que dependen de los gobiernos; 2.-La democracia produce ciudadanos que producen la democracia”.

Edgar Morin. Método VI. Ética, p. 150.

Más artículos del autor

 

 

            Después de una campaña electoral en la que como afirmó Roger Bartra prevalecieron las mañas sobre las ideas, las descalificaciones sobre las propuestas, la guerra de lodo sobre la dignificación de la democracia, los mexicanos tuvimos ayer la jornada electoral en la que votamos o no votamos, de acuerdo a lo que  decidimos de manera personal (porque dejarse llevar por la desidia también es una decisión).

            Después de un proceso de campaña que reflejó la situación de violencia estructural en que vivimos y se convirtió en la etapa preelectoral más sangrienta que  hayamos tenido en muchas décadas, los ciudadanos decidimos ayer ir a votar –por el partido o candidato que más nos convencía, por la opción menos mala, por castigar a un partido, anulando nuestra boleta- o abstenernos de hacerlo ya sea por convicción, por hartazgo o flojera.

            Después de una fase previa en la que poderes fácticos de los que dicen que se oponen a los poderes fácticos amenazaron con boicotear la elección, generando tensión en la sociedad y miedo a acudir a las urnas en muchos votantes, provocando la presencia de policía y ejército para luego denunciar esta presencia como represión o militarización de las elecciones, los mayores de dieciocho años pudimos ayer definir nuestra forma de participar en las elecciones, eligiendo una propuesta, manifestando nuestra protesta o simplemente ignorando nuestra responsabilidad ciudadana.

            Ya votamos, ya no votamos. ¿Y ahora?

            ¿Ya votamos y nos quedaremos a partir de mañana tranquilos y pasivos asumiendo que nuestra obligación democrática termina en el momento de cruzar una opción en la boleta electoral?

            ¿Ya votamos manifestando activamente nuestra protesta de acuerdo a lo que la campaña anulista nos propuso y seguiremos mañana nuestra vida cotidiana dentro de la normalidad, pensando que el desahogo de nuestra indignación en las urnas y el mensaje de inconformidad con el actual sistema de partidos se terminó en el momento de invalidar nuestra papeleta?

            ¿Ya no votamos esgrimiendo el argumento –cuestionable pero válido- de que no seríamos cómplices de la situación de corrupción e impunidad que caracteriza a nuestro sistema político en la actualidad y nos levantaremos mañana como si nada hubiera pasado, pensando que nuestra no complicidad con un sistema degradado se reduce a no asistir a las urnas?

            ¿Ya no votamos por flojera e indiferencia poniendo cualquier pretexto para evadir nuestra responsabilidad y viviremos tranquilamente a partir de mañana quejándonos como siempre de los políticos a los que atribuimos toda la culpa de la situación social para exentarnos del compromiso por cambiar las cosas?

            Ya votamos o ya no votamos. ¿Y Ahora?

            Porque el compromiso con la democracia inicia en las urnas pero no termina en ellas sino que exige una participación activa, comprometida, crítica y responsable para que desde nuestra trinchera individual, profesional, laboral, familiar y ciudadana se vayan potenciando y reforzando los elementos de avance social que aunque a veces no queramos reconocer se han ido construyendo paulatinamente en México a lo largo de los años y se puedan ir revirtiendo los procesos de corrupción, impunidad, inequidad, pobreza, exclusión, marginación y violencia que siguen siendo un lastre para el desarrollo de nuestro país.

            De manera que el ejercicio democrático inicia en las urnas pero continúa y se hace realidad cotidianamente en nuestras decisiones y acciones como ciudadanos, de tal manera que la calidad de nuestra democracia es en gran medida el resultado del tejido complejo que resulta de la calidad de los actores y las instituciones sociales.

            Como lo han dicho muchos analistas pero resulta necesario reiterarlo, el sistema político y nuestros políticos no son seres de otro planeta que aterrizan en el país para gobernarlo sino ciudadanos que nacieron, se formaron, crecieron y viven su vida en el seno de nuestra sociedad. De modo que si tenemos un sistema de partidos caracterizado por la corrupción, la impunidad, la falta de ideas y el exceso de mañas es en alto grado porque vivimos en una sociedad que responde a los mismos rasgos.

            Resulta necesario por tanto caer en la cuenta de que es falso y estéril continuar con la actitud de asumirnos como ciudadanos puros y santos explotados por políticos deshonestos y perversos, porque para empezar a transformar las cosas se requiere de un ejercicio de autocrítica honesta que nos lleve a reconocer las formas concretas de pensar, actuar y convivir socialmente que regeneran cíclicamente el sistema político decadente del que somos a la vez víctimas y constructores.

            Ya (no) votamos. ¿Y ahora?

 

Vistas: 1199
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs