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OPINIÓN

Diez de mayo

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María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Viernes, Mayo 8, 2015

“Para Tere y Edén.

Para Lalo y Gaby

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Puede ser una fecha comercial en la que muchas personas solo recuerden a su madre el diez de mayo, pero nadie estará en desacuerdo que bien vale la pena celebrar a su mamá en ese día. Guardo  hermosos recuerdos relacionados con el día de la madre, especialmente de esos días de festejo con mi abuelita  Amelia.

Ella era la abuelita de cuento-canción  reflejada en las canciones de Francisco Gabilondo Soler. Si, la del “Ropero”. Mi abuela guardaba en un hermoso ropero antiguo, con una luna de cuerpo entero enmarcada en madera hermosamente labrada, sus más entrañables tesoros: “las cosas maravillosas que guardas tu”.

Cajitas cerradas, llenas con sobres perfectamente doblados e identificados que contenían el gasto cotidiano, especialmente con aquellas cosas que tenía que pagar cada mes (agua, luz, gas, teléfono, despensa, predial etcétera); sus hermosas y espectaculares  joyas de oro que mantenía en celoso resguardo cuando no las usaba;  su ropa interior que olía no solamente a perfume, a algo mucho más limpio y extraordinario que nunca pude identificar, era ese “olor“ característico de mi abuelita que disfrutaba.

También guardaba otras cosas, como los recuerditos de los viajes que hacia con mi abuelito y acompañantes, sus ahorros y fotografías que atesoraba, sus libros preferidos , sus imágenes religiosas y sus hermosos vestidos, que como dice la canción: “hacían ruiditos al caminar”.

La casa de los abuelos era muy grande, con grandes y espaciosas habitaciones iluminadas, con techos altos, grandes pasillos y rodeada de hermosos jardínes con su fuente en medio.Tenían árboles frondosos y grandes llenos de nidos con aves canoras y flores de varios colores, tipos y tamaños.

Cuando era niña, todo el patio y los jardínes eran espacios de juegos para mi, mis hermanos y mis primos. Mis abuelos hacian grandes comidas familiares en la larga  cocina. En ella convivíamos y comíamos cada domingo. El abuelo Porfirio  festejaba en especial el cumpleaños de mi abuelita los días cinco de enero. Grandes ollas llenas de arroz y cazuelas de mole y frijoles se ofrecían a los comensales que llegaban.Todo un gran festejo de familiares y amigos.

También la  comida del día de las madres era muy especial, porque mi abuelo amaba a mi abuela y a su familia. Todos nos agrupábamos alrededor de ella. Cuando ella murió, las cosas cambiaron, aunque mi abuelo Porfirio seguía fomentando el estar juntos.

Después del fallecimiento de mis abuelos, cada quien se agrupó en torno a sus familias. En mi caso, con papá, mamá y mis hermanos.

Tiempo después, encontré un nuevo sentido al día de las madres con mi suegra, doña Emma y entendí el sentido familiar que mi abuela daba a las comidas familiares.   

Doña Emma, excelente cocinera poblana, intuyó que el “sabor de la cocina” estaba asociado al “calor familiar”. Mis hijos crecieron con eso y desde siempre, asociamos la comida a algún festejo o por el simple hecho de estar juntos.

Ahora en este año, en el que de mamá transito oficialmente a suegra, me siento especialmente feliz en este día de las madres. Mis hijos están formando  su propia familia: un nuevo hogar.

Nadie enseña a una madre a serlo, casi siempre es de manera intuitiva y por ensayo y error. Las experiencias sentidas y vividas son las que te dan pauta para intentar hacerlo bien. No hay fórmulas mágicas, la intuición gira alrededor de los sentimientos.  

¿Que aprendí de mi abuela, de mamá y de mi suegra? Que hay que expresar siempre  el amor y el cariño hacia tus hijos sin distingos, que nuestro hogar siempre será el espacio abierto para mis hijos y sus familias, que a pesar del tiempo y la distancia hay que mantenerse cerca de ellos, que pesa siempre más el hacer que el decir , que la comunicación es la base para una buena relación y que todo en la vida siempre es fruto de un esfuerzo. Claro, vinculado todo  a una rica comida.

Mi hijo y mi hija le dieron un significado diferente a mi vida, el tenerlos y verlos crecer en cada una de sus etapas, plenos y felices, es el mejor regalo año tras año, en el día de las madres.

Un abrazo y un beso siempre han sido suficientes. A comer y a brindar .

 ¡Felicidades a todas las mamás, ahora y siempre¡

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