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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Educamos para humanizar?

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Marzo 9, 2015

“Seguimos siendo un misterio para nosotros mismos.”

Edgar Morin. La humanidad de la Humanidad.

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El pasado fin de semana –del 6 al 8 de marzo- se realizó en el colegio Enrique de Ossó de la ciudad de Guadalajara el II Congreso Nacional de la Red de Educación CIRM que congregó a más de seiscientos profesores y directores escolares de todo el país en torno al tema: ¿Educamos para humanizar?

(http://www.cirm.org.mx/segundo-congreso-nacional-de-la-red-de-educacion-cirm)

El programa incluyó siete conferencias magistrales y diecisiete conferencias electivas con la participación de muy destacados investigadores educativos como los doctores Cecilia Fierro Evans, Hilda Patiño Domínguez, José Antonio Paoli Bolio, Rafael de Gasperín Gasperín y Teresa Yolanda Maya entre otros.

Los conferencistas magistrales están adscritos a distintas instituciones de educación superior de varias partes del país como la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, La Universidad Iberoamericana León, la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y el Instituto Tecnológico de Monterrey.

Desde diferentes perspectivas y abordajes teóricos y metodológicos todos los ponentes tanto de las sesiones magistrales como de las conferencias electivas grupales aportaron fundamentos, estrategias y dispositivos, experiencias, proyectos y programas en torno al objetivo central del congreso: “Conocer y compartir experiencias, reflexiones y herramientas que contribuyan a tejer humanidad, a través de la educación de la libertad”.

Tejer humanidad desde la educación de la libertad. Esta es la desafiante tarea de las escuelas y universidades en el contexto del cambio de época, marcado en muchas de sus dimensiones por una preocupación meramente económica que concibe al ser humano como simple productor y consumidor de objetos materiales que satisfacen necesidades reales y necesidades creadas pero dejan insatisfecha la necesidad profunda y permanente que late en el corazón de cada persona desde su nacimiento, la necesidad de encontrar sentido a su existencia y aportar elementos para construir un mundo en el que la vida tenga sentido.

Tejer humanidad desde la convicción de que el ser humano sigue siendo un misterio por descubrir, que la humanización es un desconocido-conocido, una interrogante de la que tenemos algunas partes de respuesta pero ignoramos muchos otros elementos de su abordaje, una pregunta eterna y siempre nueva que tenemos que abordar y trabajar limitada y progresivamente porque en ello nos va la vida.

De manera que educar para humanizar requiere de una capacidad de asombro y una actitud de búsqueda constante, de reflexión sistemática, de circulación de saberes de distintas disciplinas para comprender en cada tiempo y lugar lo que es el ser humano y por tanto, lo que implica acompañarlo y facilitar los procesos mediante los cuales puede irse realizando, cumpliendo con el desafío de adaptarse al mundo y de adaptar el mundo que le toca vivir para avanzar, como dice también Morin, en un “océano de incertidumbre con algunos archipiélagos de certeza” hacia la realización de su proyecto de vida que es mucho más que la rutina de supervivencia en la que muchas veces nos encierra el mundo actual, un mundo en el que parece no tener sentido hablar de humanización ante las desbordantes y aterradoras realidades deshumanizantes que se presentan todos los días en los medios de comunicación y en nuestros entornos de trabajo y de vida familiar y social.

Pero no se puede reducir lo humano a lo humano porque como decía Roman Gary: “La palabra humanidad comporta inhumanidad: la inhumanidad es una característica profundamente humana”. De manera que si queremos tejer humanidad, si estamos realmente comprometidos con educar para humanizar, necesitamos también comprender la inhumanidad de lo humano, comprenderla para asumirla como característica profundamente humana con la que tenemos que lidiar de manera efectiva como riesgo permanente, como elemento siempre presente, siempre en tensión con el genuino deseo de humanización que requerimos potenciar y desarrollar.

¿Educamos para humanizar? Esta es una pregunta que tiene que estar presente en todas las actividades de quienes trabajamos en el sistema educativo porque es la brújula que debería orientar todos los esfuerzos de construcción de teoría educativa, planteamientos curriculares, diseño de dispositivos de formación, establecimiento de sistemas de evaluación, organización y vivencia de programas de formación docente, planteamiento de problemas, teorías y métodos de investigación educativa, paradigmas de gestión escolar y universitaria, etc.

¿Educamos para humanizar? Esta es la pregunta que convoca la esperanza y que estuvo presente en este congreso de profesionales de la esperanza genuinamente abiertos a enfrentar el desafío, con los pies bien puestos en la tierra pero la mirada muy clara en el horizonte.

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