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OPINIÓN

Puebla, el transporte y la metrópoli

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Pablo Fernández del Campo

Mexicano y poblano universal. Esposo y padre de familia. Runner. Impulsor de ciudades y zonas metropolitanas deseables y resilientes. Maestro en Políticas Públicas. Consultor.

Miércoles, Febrero 25, 2015

El transporte urbano es uno de los elementos fundamentales para el desempeño de las metrópolis contemporáneas, se ha establecido la analogía de que se trata del sistema nervioso de las grandes concentraciones humanas y que su mal funcionamiento se traduce en el colapso del resto de las actividades sociales y productivas.

Este tema se ha convertido en asunto no resuelto para las grandes ciudades, que si bien los gobiernos han innovado y modernizado sus redes de transporte público en el mundo, la realidad es que la dinámica y el crecimiento urbano siempre avanzan a una velocidad mayor que las políticas públicas.

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El transporte es una herramienta de organización y control del espacio y al mismo tiempo evoluciona conforme se reorganiza la economía y la base territorial,  generando así desequilibrios territoriales y socioeconómicos.

Cuando hablamos del transporte hay dos vertientes muy claras, el masivo público y el particular que también ha modificado sus tendencias en los últimos lustros.

No podemos dejar de lado que hoy día los sectores sociales de altos ingresos protagonizan una expansión de la metrópolis impulsada por un cambio en la pauta residencial, optando por el asentamiento permanente en la periferia, en áreas privadas y con seguridad.

Este es un fenómeno evidente que vivimos en Puebla con el surgimiento de fraccionamientos residenciales, mismo que ha provocado la descentralización de servicios, tanto comerciales como educativos, recreativos y de salud.

En forma paralela, se llevan a cabo obras de infraestructura destinadas a mejorar la circulación privada por automotores, asociadas a zonas comerciales e inmobiliarias (autopistas, centros comerciales, supermercados, clubes y fraccionamientos), con una fuerte tendencia a la desconcentración territorial.

Todo esto exige una planeación estratégica del transporte desde la óptica metropolitana, en donde hay que analizar todos estos factores que van asociados necesariamente. Cuando se habla de dotar de servicios a la metrópoli no sólo hay que remitirnos al agua, alcantarillado, energía eléctrica, seguridad y servicios educativos y de salud, sino también del transporte.

Como otras metrópolis, Puebla demanda un plan estratégico como ciudad y como zona metropolitana para ordenar y hacer eficiente el transporte público y privado. Esto implica la coordinación de los tres niveles de gobierno y de una legislación apropiada, moderna y con visión de futuro, que regule el crecimiento permanente de nuestra ciudad capital y su zona de conurbación.

Cuando la movilidad de los habitantes se dificulta, la ciudad entera ve afectado su funcionamiento, si el transporte urbano opera mal, la productividad, los intercambios económicos y sociales no pueden llevarse a cabo o realizan con dificultades.

La accesibilidad a todas las zonas de nuestra metrópoli en condiciones de comodidad, tiempos aceptables y seguridad es condición básica de nuestro desarrollo y es un derecho urbano fundamental.

En la medida en que la población pueda desplazarse dentro de los centros urbanos, los equilibrios sociales son mayormente alcanzables.

Vale la reflexión, para analizar cada uno de los factores que hoy nos obligan a ver a Puebla de otra manera, como lo que es: una metrópoli que llegó para quedarse.

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