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La lectura de Pastor Roaix en el aniversario de la constitución | Atilio Peralta Merino
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La lectura de Pastor Roaix en el aniversario de la constitución

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Miércoles, Febrero 4, 2015

Mucho podría aportar a la  reflexión políticas de nuestros días la lectura de  las respectivas historias del Congreso Constituyente de Querétaro, escritas a la sazón por Juan de dios Bojórquez y Félix F. Palacivini; y ni que decir de la obra de mayor calado intelectual de aquellos momentos que en mi modesta opinión  sería  “La Génesis de los artículos 27 y 123”,  título de la autoría del diputado  constituyente  poblano Pastor Roaix.

Durante mucho tiempo se menospreció la aportación que en materia  de Derecho Constitucional  nos habría sido legada   por la asamblea reunida en Querétaro, al menos,  si se le comparaba   con la que  nos habría sido heredada por  los asambleístas de 1856.

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 Los títulos referidos, ciertamente,   no alcanzarían por principio de cuentas y en una primera lectura,  la relevancia de la célebre crónica  de don Francisco Zarco y, mucho menos, las alturas a las que habría llegado a partir de la vigencia de la Constitución del 5 de febrero de  1857 don Ignacio Luis Vallarta en sus célebres “votos”,  emitidos como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la etapa previa a la formulación de la Ley de Amparo de 1882.

Emilio Rabasa, por su parte, en otro de los grandes clásicos de nuestra literatura política. “  Constitución y la Dictadura”,  señalaba el contraste que podría  muy fácilmente observarse entre los trabajos y la aportación legislativa realizada por  aquella asamblea que sesionaría en la Sala de Congreso de  Palacio Nacional en la Ciudad de México a mediados del Siglo XIX,  con los  que al efecto se desprenden  de la asamblea reunida en Filadelfia de 1787  con el propósito específico  de  dilucidar los límites de los  “estados de la  Unión” ante el  cauce del río Delawere, y de la que en exceso de su convocatoria habría formulado el documento más importante de la historia política de todos los tiempos   al decir del filósofo Imanuel Kant.

El Congreso  Constituyente de Querétaro,  elevó a rango   constitucional una serie de materias  que, por principio de cuentas , debería ser  objeto  de la reglamentación secundaria, tal y como el propio José Natividad Macías lo habría  dejado de manifiesto  en los debates de tan insigne asamblea,  aseveración en la que  no se hallaba  exento  de razón,  por cierto,  dadas las consideraciones de estricta técnica legal que en la ocasión invocara;   sin embargo, fue precisamente esa,  la decisión que le habría dado  al congreso de 1917 su enorme relevancia histórica.

La lucha del pueblo  de México por la tierra comunal y la autonomía de los municipios  revestiría reminiscencias tanto del antiguo Derecho de Indias de la etapa virreinal,  como de los anhelos anarquistas de Pedro Prokoptin; así como convergería el espíritu anarcosindicalistas de Bakunin con las enseñanzas de la Iglesia en materia social que habrían empezado  a  abrirse paso en la vida comunitaria de México y del mundo occidental en su conjunto  tras la expedición de la encíclica “Rerum Novarum” por parte de su  “Santidad león XIII”.

Ante  las grandes aportaciones del  Derecho Público  ya referidas y cuyos más  profundad raíces habría que hurgar en “El Espíritu de las Leyes” de  Montesquieu , así como en los “Principios Metafísicos de la Doctrina del Derecho” de Imanuel Kant y cuyas  referencias se encuentran  al parecer del todo ausente en el debate político de nuestros días; la enorme aportación de Pastor Raix   no desmerece absolutamente en nada, muy por el contrario, en su libro se plasma el derrotero que iniciaría el Derecho Público a lo largo del siglo XX en todo el mundo.

Lejos del posible menosprecio del que fuera  objeto el congreso constituyente de Querétaro en algún momento de nuestra vida intelectual, la lectura de pastor Roaix,  quien,  por cierto,  fuera  candidato al gobierno de Puebla en 1921,  mucho podría ofrecer a la imaginación de un liderazgo político como el que hoy se vive en nuestro país y  que,  al parecer,  ha perdido de manera irremediable  la brújula de cara a los retos que el porvenir nos  depara.

 

albertoperalta1963@gmail.com

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