Los escándalos cupulares del PAN, son cinismo puro. En un cortísimo tiempo, apenas dos sexenios, aprendieron y superaron todo lo que repudiaron del PRI durante más de 6 décadas.
A las pillerías, uso del poder de modo patrimonialista, enriquecimiento ilimitado, impunidad, nepotismo y las peores prácticas para mantener el poder, sigue el escándalo.
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Antes han sido las francachelas en burdeles, los moches de sus diputados, senadores y presidentes, y ahora las acusaciones a Calderón y demás mafia, de autoritarismo, arrogancia y abusos.
Con testimonios internos tan irrefutables, no hay defensa posible
Total, nada que no se haya visto en la familia del poder del país, sin distinción de colores partidarios.
Un duelo belicoso entre los tres grandes partidos que están en el poder hoy en día en México, es perfectamente posible: están en igualdad de condiciones. No pueden argüir desventajas. Todos tienen dosis inagotables de estiércol en su arsenal.
Se pueden acusar mutuamente de lo mismo, usan indistintamente las mismas armas, no se advierte una diferencia o privilegio de uno sobre los otros.
Su propaganda que se ve y escucha profusamente por televisión y radio tampoco marca divergencia alguna. Se culpan y acusan de lo mismo. Como si ninguno de ellos hubiera estado en el poder.
Ofrecen quimeras a la sociedad, mientras ésta se ocupa de la lucha cotidiana por la sobrevivencia, o, en el mejor de los casos, sufre desmemoria y desinformación y puede caer, una vez más, víctima de sus verdugos en la siguiente elección.
Este es el panorama del México de cada día.
Con este escenario, es comprensible la incredulidad de la gente en el resultado de las investigaciones e información sobre el caso Ayotzinapa.
No se puede esperar otra cosa.
Cuando desde los altos niveles del poder se ha mentido una y otra vez, cuando se dice una cosa y se practica otra, cuando se gobierna a partir del engaño y medias verdades, cuando el perjurio y la prevaricación son consustanciales al ejercicio del mando, entonces es entendible que se ha fertilizado un clima social de ausencia casi absoluta de confianza y fe.
A eso hay que añadir los barruntos de tormenta en la economía del país.
Y lo más grave ( ¡lo gritan los medios extranjeros…!): a la debacle económica petrolera que acosa al país, se le agrega, como apocalíptico jinete, la inseguridad rampante…y la no toma de conciencia del timón de mando nacional sobre la gravedad de la crisis.
En torno a todo este convulso escenario, múltiples analistas de dentro y fuera de México apuntan a un invitado incómodo al que, según los intereses y enfoque de cada quien, lo citan con buena o mala fe, con buenos o malos augurios, con optimismo o pesimismo, pero no lo niegan. Es MORENA, el partido de López Obrador.
Acaso los partidos dominantes y administradores del poder, los tres grandes y sus corifeos, cegados por el reparto fragmentario presupuestal, no se dan cuenta que con sus vicios y torpezas del tamaño de una montaña, contribuyen diligentes a ponerle la mesa a ese poder emergente.
Es posible que así sea.
Échenle un vistazo a lo que pasa en España en estos días. Tal vez les diga algo.