Que mejor título para definir la experiencia vivida por los mexicanos en este año que está por terminar y sin dudarlo el que está por iniciar.
En este 2014, desde mi particular opinión, dos eventos marcaron la historia reciente de la nación; el primero de ellos fue la aprobación de la reina de las reformas estructurales, la reforma energética, o dígase en mejores términos: la venta al mejor postor de un país alguna vez llamado México.
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Para lograrlo, la elite partidista de las "derechas" priistas y panistas y la pseudo izquierda perredista, se pondrían de acuerdo y se apresuraría a violar los preceptos constitucionales que definían a México como un Estado Libre, Soberano e Independiente, logro de las guerras de Independencia y Revolución, pasando, desde luego, por la insigne etapa de la Reforma Liberal.
Así fue como este ambicioso grupo traicionó al país, haciendo legal la ocupación y uso abusivo de amplias zonas del territorio nacional por parte de empresas nacionales y extranjeras conocidas por su ánimo depredador... ¡un salto atrás en la larga lucha histórica por defender nuestra soberanía nacional!
El otro evento, y nunca lo olvidaremos, es el movimiento ciudadano más importante desde el célebre 1968 surgido como respuesta a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, donde el gobierno, en sus tres niveles, incurrió en la comisión de un crimen de lesa humanidad despertando la movilización de miles de mexicanos quienes expresan su indignación y reclamo, exigiendo la aparición con vida de los muchachos pero también la renuncia de Enrique Peña Nieto y su pandilla.
Lamentablemente, habrá que decirlo, este movimiento presenta dos puntos de marcada debilidad: el primero consistente en impedir el surgimiento de liderazgos naturales por el temor de que estos pudiesen incurrir en algún grado de corrupción, perdiéndose así la oportunidad de contar con una nueva generación de dirigentes de la talla que requiere el país.
El segundo, y también por el temor de la corrupción, es el de no generar las estructuras organizacionales adecuadas que permitan definir objetivos claros que se tradujeran en un cambio del sistema que nos aqueja. Así que de no corregir estas debilidades todo habrá de quedar en una genial protesta.
Ante la inminencia de este 2015, solo esperamos que el sombrío panorama que se nos presenta con la crisis de los precios del petróleo y la devaluación del peso, no se convierta en una triste realidad que nos arroje al vacío de una dolorosa crisis económica.
Sin embargo, y a pesar de estos presagios, estamos ciertos de que a los mexicanos nos caracteriza la virtud de saber enfrentar las dificultades con ánimo festivo y sobreponernos a ellas siempre con la esperanza de un futuro mejor
¡Feliz Año 2015! … ¡Seamos felices!