Un año teñido de sangre; prácticamente ningún sector escapó de las garras del crimen organizado; ni los políticos, ni los estudiantes, ni los niños, ni los sacerdotes. Ni los padres de los normalistas, ni los Obispos, ni miles de ciudadanos de a pie se cansan de recriminar el nivel de violencia que azota al país.
Se despide este 2014 con ola de suicidios, feminicidios, asaltos, masacres, marchas, protestas, prácticas autoritarias, escándalos de corrupción y una gran incertidumbre económica.
¿El 2015 será mejor? ¿El optimismo de un nuevo ciclo disminuirá el desánimo nacional? ¿Hay salida a los graves conflictos en seguridad y empleo? ¿Podemos tocar más fondo ó es la posibilidad de resurgir política y socialmente?
Aunque la nación atraviesa momentos críticos -quizá en décadas- tampoco hay tiempo de tirarse al abismo; ni de cerrar las puertas a la esperanza de retomar el ambiente de paz que algún día nos diferenciaba del mundo.
El 2014 hay que recordarlo como un año de difícil aprendizaje. Aunque la clase gubernamental y política se hunde cada vez más en sus mentiras de bienestar, Ayotzinapa vino a sacudir la conciencia ciudadana sobre los excesos y colusiones del poder.
Es verdad que México ha escalado en corrupción, abuso, represión y asesinatos pero es imposible resignarse a vivir en un país descompuesto, desordenado, inseguro, improvisado, manipulado.
Reza la frase que el problema y la solución somos todos; aquí no hay superhéroes, no es Peña Nieto ni López Obrador ni ningún otro personaje político que rescate al país con varita mágica, sino cada uno de nosotros que contribuye a salvar o hundir nuestro entorno.
¿Es justo exigir buenos gobiernos si a diario somos malos vecinos, compañeros de trabajo ó padres de familia? Valdría la pena revisar cómo andamos en congruencia, respeto y afectos. El cambio personal con pequeñas acciones cotidianas podrían aligerarnos la vida.
Propongo que este año nuevo, más allá de las metas habituales de "bajar de peso, dejar de fumar" seamos más conscientes de nuestro comportamiento hacia terceros.
¿Qué tal si ayudamos a reducir el nivel de estrés en una ciudad de por sí complicada por cierres, obras, semáforos mal sincronizados y descortesía vial?
¿Qué les parece si evitamos tirar basura en sitios prohibidos, ahorramos el agua y barremos nuestra entrada? esos viejos hábitos que inculcaron los abuelos y los perdimos en el tiempo.
¿Cómo ven si empezamos por saludar al vecino, ceder el paso al peatón, respetar la vía pública, las cocheras y los sitios para discapacitados; conducir con precaución y evitar las mentadas de madre que hemos institucionalizado día con día?
¿Quizá podríamos pasar más tiempo de calidad con la familia y evitamos que los seres queridos sean víctimas del mal humor que originan las preocupaciones laborales?
¿Qué tal si canjeamos los celos, las dudas y los resentimientos por una disculpa, un beso y un voto de confianza? ¿Y si en vez de irnos a la cama con un enojo encontramos la oportunidad de disfrutar la reconciliación en pareja?
¿Qué tal si en vez de maldecir la escuela, el trabajo y el país en su conjunto somos capaces de agradecer un día más de vida? Al final, es posible construir la felicidad individual que invariablemente tendría un impacto social. No todo está perdido, vamos hacia adelante.
¡Les deseo de corazón Feliz Año 2015!
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