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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ayúdanos allá, cerca del Padre...

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Patricia Estrada

Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM

Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.

Lunes, Diciembre 15, 2014

Me alejé de las misas por disentir que el sermón sea ocupado en regaños y lamentos; los tiempos actuales demandan estilos frescos y contenidos de reflexión en cada homilía; es la única manera de atrapar el interés de las nuevas generaciones y detener la migración de fieles.

En estos tiempos de adversidad nacional y personal, la liturgia debe traducirse en un apapacho que reconforte el espíritu. Hace tiempo vi llorar a una mujer alcohólica que buscó consuelo en una confesión y el cura minimizó su abstinencia de 30 días.

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La patanería de ese sacerdote alejó a la mujer de la Iglesia; siguió creyendo en Dios no así en la institución terrenal, una palabra de aliento hubiera sido suficiente para continuar su propósito de vida pero el padre estaba más ocupado en criticar la enfermedad. Le ganó la soberbia y ella perdió más autoestima.

Es cierto que la Iglesia ha perdido adeptos tras los escándalos de pederastia, doble moral y corrupción; confieso que percibí las diferencias entre una cúpula eclesiástica rodeada de poderosos intereses económicos y políticos, y una base sacerdotal preocupada e involucrada en el entorno social.

El sermón de la homilía de las 6 de la mañana del pasado 12 de diciembre no fue ajeno a la problemática: El país bañado en sangre y el rescate de la familia para retomar el camino de los valores y la paz social.

"Hay dolor porque hay injusticia y hay violencia porque hay venganza" expresó con elocuencia y contundencia el padre José Merino, quien durante años ha sido guardián de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en la ciudad de Puebla.

El padre Merino fue acertado en las causales de la indignación social: Inseguridad, pobreza, ataque a la educación, vicios gubernamentales y rompimiento de familias. Convocó a retomar el mensaje de la Guadalupana basado en la verdad, justicia y dignidad; solo así tendremos una vida más humana.

"Ayúdanos allá, cerca del Padre...", pidió el sacerdote a la Virgen al reconocer públicamente que también está inconforme con lo que sucede en el país, sin embargo reprobó los actos de violencia que enlutan las manifestaciones pacíficas.

Dijo que es momento de recuperar el amor al prójimo y principalmente el cuidado de los hijos. Creo que la concurrencia se cimbró cuando enfatizó: ¡Que los niños no sean hijos de la guardería!

El regazo de las madres otorga la confianza y seguridad a los menores, los convierte en hombres y mujeres solidarios y tolerantes con sus hermanos de sangre; es ahí donde radica el éxito de las buenas familias.

La emotividad de la ceremonia me refrendó la fe en que es posible vivir en un país con armonía donde los grandes cambios empiezan desde la base de nuestro existir. Ojalá en la Iglesia Católica existan más palabras de esperanza y enseñanza en vez de reprimendas y sentimientos de culpa por ser humanos imperfectos, que en ocasiones se acentúa con más fuerza en los ministros de culto.

Mi cuenta en Twitter @estradapaty

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