Fue una decisión difícil. Al principio, la sola idea de que Juan Pablo Piña Kurczyn renunciara el PRI era impensable, dado su formación política y las raíces heredadas de su padre, el exgobernador de Puebla Mariano Piña Olaya.
Sin embargo, la buena relación que Rafael Moreno Valle siempre ha sostenido con doña Patricia Kurczyn Villalobos (más que con Mariano Piña), sirvió para efectuar el primer acercamiento con Juan Pablo, quien aún antes de convertirse en el secretario de Servicios Legales y Defensoría Pública en la actual administración, rindió excelentes resultados al encargarse de asunto delicados:
Más artículos del autor
Desde el conflicto legal al interior del PAN con la denominada ‘Ley Mondragón’, la modificación en el calendario electoral para adelantar el proceso del 2010 con el que Moreno Valle se vio beneficiado, hasta la afrenta con el empresario Ricardo Henaine Mezher: la recuperación del edificio del Heraldo de Puebla, los terrenos de Valle Fantástico, como principales.
Es posible que la efectividad en la resolución de estos encargos fue lo que despertó en el gobernador una sospecha: que Juan Pablo podría serle de gran utilidad, pero ya como parte integral de su gabinete, como un aliado incondicional, confidente, consejero… un espacio que ni Luis Maldonado, ha podido llenar desde que Fernando Manzanilla optó por el exilio político.
Además, el priísta (en ese entonces) cumple con un perfil que encaja perfecto en el equipo de Moreno Valle: un hombre joven, considerado exitoso a sus 34 años, brillante abogado, ‘de mundo’, con el dominio de los idiomas inglés y el francés, proveniente de una encumbrada familia política a nivel nacional, casado y padre de familia, titulado con mención honorífica en dos maestrías en derecho internacional y empresarial en las universidades de Pompeu Fabra, Barcelona, España y la Panthéon-Assa de París, Francia; de apariencia pulcra e intelectual… sí, todo un morenovallista, pero con un pequeño detalle: pertenecía a las filas del PRI.
Así que una tarde, Juan Pablo Piña recibió una llamada a su celular: debía de viajar de inmediato a Casa Puebla. Él se encontraba en el Distrito Federal, así que, intrigado, acudió lo más rápido que pudo.
El gobernador ya lo esperaba.
La propuesta fue clara y directa: que quemara sus naves en el PRI… para siempre, y que empezara una nueva vida.
Es decir, que renunciara a su trabajo, a su militancia, que regresara a vivir a Puebla, con todo y su familia (en ése entonces, su esposa estaba embarazada de sus gemelos), y empezar de cero en el PAN, pero con todo su respaldo.
Y esto incluía su instalación inmediata en el gabinete, así como la promoción a una diputación federal en los comicios del próximo año.
Sólo para empezar.
Al otro día, el hijo del exgobernador de Puebla, había enviado su renuncia a la presidencia de la Fundación Colosio.
Desde entonces, Piña Kurczyn es una pieza clave en la toma de decisiones estratégicas del gobernador, desde los días de tormenta de San Bernardino Chalchihuapan, el respaldo legal de la construcción de obra pública en el estado, su injerencia en la vida política del PAN Nacional, sus giras continuas por el interior del estado, principalmente, en el distrito 3 electoral III con cabecera en Tezuitlán, en el cual, todo parece indicar su inminente candidatura.
Ya se convirtió en cotidiano que Juan Pablo aparezca a la derecha del gobernador en reuniones y presentaciones públicas, en giras de trabajo, en entrega de obra pública, en juntas con empresarios, medios de comunicación, representantes de otros partidos políticos… hasta en la sopa aparece Piña Kurcyn.
Aún falta que corra mucha agua bajo el puente.
Para empezar, ganar de manera irrefutable e impecable la diputación federal.
Pero es indiscutible que Juan Pablo Piña se ha convertido en uno de los hombres más cercanos al gobernador.
¿Quién podría dudar que Piña se convirtió en el caballo negro de Moreno Valle para la gubernatura?
Evidencia la hay.
Y mucha.