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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La falsa seguridad de la vida en blanco y negro

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Octubre 27, 2014

“Life gets so complicated if not all politicians are evil, not all unemployed are to blame, not all capitalists are corrupt...”

Alain de Botton.

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La vida se vuelve muy complicada si no todos los políticos son malos, si no todos los desempleados son culpables, si no todos los capitalistas son corruptos…dice con razón el filósofo inglés.

La vida se vuelve muy complicada si no todos los pobres son buenos, si no todos los miembros de la sociedad civil son ejemplos de compromiso desinteresado, si no todos los que se oponen al gobierno son demócratas admirables, si no todos los que se manifiestan en las calles tienen, de entrada, la razón.

En efecto, la vida puede volverse demasiado difícil si no todos los medios convencionales son títeres del poder, si no todos los medios alternativos son críticos y están exentos de intereses, si no todos los que ven Televisa son tontos y manipulables, si no todos los que se oponen a Televisa son dicen la verdad.

El mundo se torna a veces incomprensible si no todos los problemas son culpa de los Estados Unidos, si no todas las virtudes culturales vienen de los países pobres, si no todo en los organismos internacionales responde a una dinámica de obediencia a los poderosos del planeta, si no todas las luchas populares son legítimas, si no todos los héroes son heroicos, si no todos los villanos son despreciables.

Nuestro país puede volverse también muy complicado de entender e interpretar si no todos los males vienen del “PRIAN” y de los “poderes fácticos”, si no todos los bienes residen en el pueblo, si no toda acción de autoridad es represión, si no toda forma de protesta es justificable.

Siempre es más fácil creer en un mundo en blanco y negro, resulta más seguro creer que existen los “buenos-buenos” que luchan contra los “malos-malos”.  Regularmente aporta certeza creer que la verdad, el bien y la justicia están siempre del mismo lado y que la maldad y la mentira son también propiedad exclusiva de ciertos grupos políticos, de estratos socio-económicos específicos, de algunas instituciones, empresas o medios de comunicación.

Las muy socorridas teorías del complot o de la conspiración son una muestra de esta seguridad que aporta la certeza de que todo está bajo control en el mundo y que no hay nada sujeto al azar o a la inter-retroacción de decisiones y acciones de múltiples actores con distintas visiones de la realidad e intereses y valores más o menos legítimos, más o menos egoístas que inciden de manera recurrente, complementaria y muchas veces antagónica en el curso de los acontecimientos.

Sin embargo, “el futuro se llama incertidumbre” nos dice Edgar Morin respecto de las realidades del mundo humano en que vivimos. El futuro es incierto e impredecible y para poder afrontar los problemas y desafíos que nos presenta el cambio de época es necesario asumir la incertidumbre y aprender a trabajar por la transformación social evitando los intentos de facilitar el camino refugiándonos en certezas simplificadoras.

Aceptar que la vida es complicada y que el mundo no es en blanco y negro es el principio para avanzar hacia una visión crítica de la realidad. Asimilar la complejidad de un mundo en el que como decía Niels Bohr: “a menudo lo contrario a una verdad profunda es otra verdad profunda” resulta indispensable si nuestra meta es realmente transformar el mundo y no queremos luchar contra molinos de viento.

¡Cuánto avanzaría este país si toda la energía social que actualmente se encuentra polarizada en visiones simplificadoras de un mundo en blanco y negro pudiera encontrar cauces de sentido a partir de una verdadera criticidad!

El profundo descontento que hoy compartimos como sociedad pero que se dispersa y se divide por estas visiones en blanco y negro podría ser la semilla de un nuevo país más democrático, justo y pacífico si todos nos diéramos a la tarea de asumir la complejidad y la incertidumbre para poder realizar un ejercicio de discernimiento profundo que nos permitiera convertirnos en “conservadores de todo lo que hay que conservar y revolucionantes de todo lo que hay que revolucionar” (Edgar Morin), en esta realidad que nos reclama con urgencia.

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