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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Educación, Auto-explotación y sana disciplina

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 29, 2014

“La evaluación individualizada de la productividad crea una división en el interior de la persona. El trabajador ha sido transformado en una especie de empleador de sí mismo. En algunos sectores, ciertamente, se le ha concedido un grado considerable de autonomía, e incluso se puede decir que es más libre. Pero lo que sucede es que una parte de sí mismo -el sujeto- va a emplear a la otra parte -el cuerpo- y le va a pedir una serie de cosas. Si los objetivos que se impone son muy elevados, el sujeto puede pedirle al cuerpo tal vez lo imposible y es así como el cuerpo va a trabajar, no sólo en la empresa, sino fuera de la empresa…”   

Sidi Mohamed Barkat (Tlemcen, Argelia, 1948-). Filósofo.

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Los que contamos con un espacio de comunicación con el público como el que E-Consulta generosamente me brinda cada semana nos encontramos en la permanente tentación de hablar de nosotros mismos, contar lo que nos ocurre o incluso ponernos de ejemplo en determinados temas o situaciones.

Hay un riesgo de narcicismo, autocomplacencia o incluso de desahogo inútil cuando se cae en esta tentación. Sin embargo, por un lado es muy complicado –diría que prácticamente imposible- separar lo que se escribe de la experiencia existencial de la persona que escribe y por otro, muchas veces las situaciones que se experimentan en carne propia pueden ser fuentes válidas y ricas de reflexión.

Es por ello que, con el permiso de mis amables lectores voy a tomarme hoy explícitamente esta licencia.

Estoy escribiendo este artículo a las 00:05 hrs. Del lunes 29 de septiembre después de haber llegado manejando desde la bella ciudad de Oaxaca a eso de las 7:30 de la noche del domingo. Viajé a dicha ciudad el sábado a las 7:00 am. En compañía de un académico visitante de Colombia y de mi hija menor, para asistir al VI Congreso Internacional de Educación: Identidad cultural y compromiso social en la contextualización curricular, organizado por el Instituto Multidisciplinario de Especialización con el apoyo de un gran número de instituciones de educación superior a nivel nacional, entre ellas el área de posgrados en que yo trabajo actualmente.

El congreso en realidad inició el viernes, pero yo no pude asistir desde el inicio debido a que me encontraba participando como ponente y organizador en la X Jornada Nacional de Investigadores en Educación y Valores que convoca cada dos años la red nacional del mismo nombre, conocida por sus siglas como REDUVAL  y que en esta ocasión fue co-organizada con la UPAEP y la Ibero Puebla que fue la sede. En esta jornada entregué la presidencia de la red que ocupé por tres años a la nueva mesa directiva electa.

Estos cuatro días seguidos de congresos más los días previos de trabajo regular en mis funciones habituales con la carga extra durante varios meses de organizar la jornada y las elecciones de mesa directiva, así como otras tareas y comisiones en las que me ha tocado participar se traducen en un agotamiento crónico con el que no es nada fácil lidiar y que hizo crisis esta tarde en la que caí en la cuenta de que tendría cuatro o cinco horas de relativo descanso entre dos semanas intensísimas de trabajo.

Cuando me pongo a pensar en las razones de esta sobrecarga laboral, descubro que muchas de las actividades extra a las estrictamente señaladas en mi asignación de funciones no han sido impuestas externamente sino asumidas libremente por mí. Estas actividades extra se relacionan con metas que persiguen ampliar y profundizar mis logros académicos y de gestión –están relacionadas con mi evaluación personal de desempeño institucional- y otras buscan consolidar mi trayectoria como investigador educativo –están relacionadas con mi evaluación para el Sistema Nacional de Investigadores-.

De pronto recuerdo el término autoexplotación que he leído y escuchado de varios analistas del mundo contemporáneo. Según estos expertos el capitalismo global en que hoy vivimos ha logrado trascender la explotación que sufría el trabajador a manos de su patrón para colocarse, como afirma el filósofo argelino citado en el epígrafe de este artículo, en el interior de la persona.

En efecto, en nuestros días hay tantos individuos demandando un empleo que quien lo tiene –y está sujeto por ello a una evaluación individual- busca cuidarlo a toda costa porque sabe que cualquier error o estancamiento en el desempeño puede costarle su puesto. Este cuidado hace que el trabajador sea una especie de empleador exigente de sí mismo y produce la autoexplotación.

Las consecuencias están a la vista. Todos los que trabajamos estamos en una situación parecida o conocemos a alguien que lo está. La semana laboral transcurre en medio del estrés, la prisa por resolver urgencia tras urgencia y el esfuerzo por multiplicar el tiempo que no alcanza para realizar todas las tareas que tenemos encima, parte asignadas por nuestros jefes pero buena parte también autoasignadas por nuestros “proyectos de mejora continua” en el mejor de los casos o de cuidado del puesto, en el peor escenario.

Como afirma también Barkat, esta situación tienen un ángulo positivo puesto que en algunos sectores –el académico es de estos- vivimos una mayor autonomía en el trabajo y se puede decir que de alguna manera somos más libres.

Si se mira el ángulo luminoso de esta nueva autonomía, podemos decir que muchas de estas cargas adicionales de trabajo tienen que ver con un deseo genuino por hacer cosas importantes, construir una carrera significativa, aportar elementos de superación a otros y contribuir a que nuestra sociedad se transforme para bien al menos un poquito.

Bajo esta perspectiva el cansancio crónico responde a una sana disciplina que nos lleva a posponer la satisfacción de la diversión, la convivencia o el descanso y a aceptar que la vida es difícil y no siempre agradable, en aras de aproximarnos a objetivos profesionales y personales que tienen que ver con nuestra autorrealización y con nuestro aporte a la sociedad.

Sin embargo no habría que dar por hecho que estamos del lado de la sana disciplina que nos hará crecer como seres humanos y no del de la autoexplotación que nos va enajenando progresivamente. Tendríamos que ser capaces de reflexionar y discernir continuamente de qué lado se encuentra nuestra balanza y qué tanto tendríamos que modificar nuestro ritmo de trabajo para no pedir al cuerpo lo imposible con las consecuencias que vemos todos los días.

¿Autoexplotación o sana disciplina? La frontera es muy frágil y tendríamos que educar y educarnos para la constante autovaloración.

http://elpais.com/diario/2010/01/26/cultura/1264460404_850215.html

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