Actualmente es evidente el desprestigio de la política, de los políticos –los que hacen política-, de los partidos políticos –donde se reúnen los políticos-, de los parlamentos –donde se encuentran y se distancian los partidos- y de los parlamentarios –los políticos que se encuentran y distancian entre sí representando a sus partidos-.
Tan tremendo desprestigio es un enorme riesgo para la democracia. Históricamente ha quedado demostrado que en aquellas épocas y lugares en donde la política ha estado desprestigiada y la democracia se ha mostrado ineficiente, el ascenso de los dictadores es más probable.
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De tal manera que hoy es un deber ineludible trabajar por regresarle a la actividad política la dignidad y honorabilidad que nunca debió perder. Es por conveniencia incluso. A nadie conviene se encumbren personajes autoritarios sin convicciones democráticas y sin compromisos con el Bien Común.
Particularmente el Partido Acción Nacional, que nació con la convicción de la nobleza propia de la actividad política y que enarbola en uno de sus Principios de Doctrina la preeminencia del interés general sobre intereses particulares, debe retomar la senda de la política como generosa y perseverante contribución en la construcción de condiciones propicias al desarrollo humano y desde luego, sujeta a las exigencias de la ética.
Hoy más que nunca Acción Nacional necesita acercarse a su esencia, adentrarse en su identidad, reconocerse en su origen. Los panistas necesitamos en nuestro actuar mostrarnos diferentes, distintos y distinguibles. Representantes de un pensamiento humanista y portadores de un estilo de hacer política que vuelva a convencer a los ciudadanos del siglo XXI.
Por eso quiero reiterar la necesidad de que en el próximo proceso electoral federal del año próximo, 2015, cuando será renovada la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, el PAN vaya sin alianzas con otros partidos y además, con candidatos identificados por su vida, trayectoria, convicciones, por su hacer y decir, con el Humanismo Político.
En todo caso, con candidatos que provengan legítimamente de la sociedad, ciudadanos y ciudadanas con algún mérito o trayectoria o lucha en pro de alguna causa justa, de reconocido prestigio y fama pública.
Pero lo que no podemos hacer, como partido y como militantes, es permitir el reciclaje de elementos de otras fuerzas políticas en nuestra institución. No podemos aceptar más, actores que ven en nuestro partido una vía en su escalamiento de posiciones de poder. Que saltan de aquí para allá, a veces incluso por determinación y designio de alguien más. Que hoy están aquí y mañana donde sea más conveniente o provechoso para satisfacer su ambición o la del personaje que encabeza su proyecto. Que no saben dar razón de su pertenencia al PAN, que no conocen su historia ni la respetan. Que no les interesa su futuro como institución al servicio de nuestra Nación.
Hoy hay quien predice la postulación por nuestro partido de destacadas figuras priístas por militancia, por actitudes y por herencia familiar. Hoy hay quien promueve la incorporación a nuestro partido de personajes que nacieron bajo el cobijo de lo más rancio del sistema autoritario que frenó el desarrollo y la prosperidad de México. Y no porque se hayan convencido de nuestra doctrina. Sería muy meritorio y respetable. No. No porque ya tengan una identidad con nuestro pensamiento y visión de la cosa pública. Sería motivo incluso de orgullo darles la bienvenida a nuestras filas. No. Sino porque ven la rentabilidad electoral, su propio beneficio y al partido como un instrumento para sus propios fines y objetivos.
Nos queda a los militantes de Acción Nacional seguir exigiendo que la definición de nuestros candidatos recaiga en la propia militancia a través de los mecanismos estatutarios democráticos y desde luego, escoger e impulsar candidatos pensando en nuestro deber de dignificar la política y a quienes en el Congreso sepan y puedan llevar la voz del Humanismo Político.
Es nuestra responsabilidad.
juan.espina@pueblacapital.gob.mx
@juancespina
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