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El antes y el ahora... | Xavier Gutiérrez

Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El antes y el ahora...

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Septiembre 7, 2014

ANTES,  septiembre era el mes del presidente de la república, ritual y pompas desbordantes, confeti y serpentinas.

ANTES, el informe era la más pulida imitación mexicana de un grandioso ceremonial monárquico.

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ANTES, senadores y diputados se rendían obsecuentes al poder real, el del presidente.

ANTES, empresarios y diplomáticos  eran el más conspicuo sector cortesano que adornaba la puesta en escena de una perfectísima  obra teatral presentada como el acto democrático por excelencia en el país.

ANTES,  la sonrisa y el aplauso dóciles eran el mejor papel desempeñado por legiones corales dóciles y sumisas.

ANTES, las portadas de los periódicos capitalinos derrochaban melcocha al día siguiente del informe. Unificados los contenidos, competencia de elogios, partitura monocorde.

ANTES, los cronistas periodísticos y los locutores agotaban los superlativos para bañar y adular a la figura cupular del poder mexicano.

ANTES, la cuenta de aplausos era la cifra estadísticas más sobresalientes en la famosa “danza de los millones”.

ANTES, en un tiempo mínimo  de dos horas, pero que llegó a ser de cinco o seis,  las pantallas de televisión de todo el país saturaban al estilo Corea del norte lo que debía ver por fuerza la gente, ese, el gran día.

ANTES, el desfile de coches enormes, relucientes, ostentosos y caros, el transporte de los poderosos oficiales y privados, era ese día una cachetada brutal a la cara de los miserables del país, que siguen siendo casi el 50%, hoy como entonces.

ANTES, el monólogo cuidado, sonoro, solemne y versallesco, era el símbolo de la república imperial.

ANTES, el derroche apabullantes de bondades presentaba la cara de otro país, que hacía confundir y preguntar a la gente si el gobernante se refería a otra nación, o ellos pertenecían a otra demarcación que no era México.

ANTES, el Congreso de la Unión se convertía por decreto en un aplausómetro. Prohibido el rechinar de columna vertebral de los representantes populares, la abyección  formidablemente aceitada no osaba perturbar el celestial silencio mayestático.

ANTES, era todo eso.

HOY ES IGUAL…

xgt49@yahoo.com.mx

 

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