Por sentido común se identifica que en la empresa reside la organización económica por excelencia para detonar la productividad, innovación y competitividad que se requiere en las diversas ramas de bienes y servicios. La creatividad que se origina en una persona física o un grupo de estas, se consolida por medio de la ficción jurídica de la persona moral que centrará sus estrategias en la prevención corporativa soportada por el derecho civil, mercantil, de la propiedad intelectual, fiscal y laboral.
El objeto de emprendimiento de la empresa se enfrentará a diversas políticas públicas para reglamentar el ejercicio de su libertad al comercio lícito, emanado directamente de la Constitución, así como a los choques entre ideologías capitalistas –neo liberales- y sociales. Incrementar recursos económicos por el simple hecho de acaparar mercados con monopolios u oligopolios se considera contrarios a los máximos valores y responsabilidad con la sociedad, sin embargo por otro lado el discurso indica que las mejores empresas son aquellas que sabiendo evadir los candados de la normatividad, amasan grandes fortunas para sus socios, acaban con sus competidores, acaparan el mercado y simulan con adecuadas estrategias corporativas su altruismo y compromiso con causa sociales… pero vamos! Que no la empresa se trata precisamente de una ficción?
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Lamentablemente en el desarrollo de las estrategias que permitan el mayor crecimiento de la empresa, parte elemental del análisis consistirá en prevenir los riesgos por el manejo de sus talentos humanos, por lo que casi en automático se decide contratar a un grupo de trabajadores bajo el régimen de honorarios –gracias a la Ley del Impuesto Sobre la Renta- a otros llevarlos al esquema de comisionistas, dividir las cargas laborales en una o más sociedades constituidas sólo para efectos de la administración del capital humano ya sea en una relación de outsourcing o de partes relacionadas, dependiendo de las necesidades de la empresa. El objetivo principal consiste en no perder el control de la masa laboral, diluir la relación de subordinación por medio de contratos atípicos no laborales –aunque en la práctica efectivamente exista plenamente la relación entablada, disminuir o evadir los costos en materia de cuotas obrero patronales. Reformas se proponen, discuten y aprueban para “limitar” estas prácticas empresariales; se analiza en foros nacionales la injusta proporción que guarda el salario mínimo –devaluado en 75% de su valor adquisitivo, pero las cosas siguen guardando el mismo estatus quo, en que unos hacen como que les importa, otros como que les preocupa, pero pocos se ocupan en resolver.
Es así que resulta mucho más fácil, un tanto trillado pero muy cómodo, culpar de todos estos males al gobierno… ¿Qué no acaso fueron precisamente los legisladores quienes aprobaron las reformas laborales y fiscales? ¿Acaso no es responsabilidad de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos definir el incremento anual de este ponderador? ¿Y si mejor se bajan el sueldo todos los servidores públicos? Si, por supuesto que toda la sociedad reclamamos que las autoridades asuman las acciones que les competen. Sólo una última inquietud ¿Y si la empresa decidiera otorgar trabajos dignos, bien remunerados, estables y con desarrollo para construir efectivamente un capital humano? Por cierto que ninguna ley lo prohíbe… sólo es cambiar el discurso del capital y buscar un justo medio.
Es un placer saludarles y continuar promoviendo la cultura de la Legalidad. Estaremos dando seguimiento a las dudas que gentilmente nos expresan de estos y otros temas. Como siempre agradezco, con mucho respeto sus comentarios y sugerencias en: normapimentel@hotmail.com