Los niños de antes crecían con historias que reflejaban lo que les rodeaba, pero también lo que era deseable que fuesen cuando grandes. Los deportistas, caballerosos y educados, encarnaban una serie de valores que influían entre sus seguidores. En el cine podíamos ver al Santo que hacía maromas en el ring y luchaba contra los delincuentes. Y no podía faltar el inolvidable Zorro, cuya verdadera identidad era la de un miembro de “la crema y nata” de la sociedad, que cabalgaba en calidad de justiciero para defender las causas de los humildes, de la gente sencilla y de los desposeídos…
Algo pasó en el camino porque, de la mano de la era global, apareció un nuevo sentido de la justicia social. Hoy, las causas sociales no son más que una redituable bandera en la lucha por el poder y por las canonjías. Hay gente que vive de eso y les va muy bien. Antes en la búsqueda de la justicia estaba clara la diferencia entre lo bueno y lo malo, al igual que el objetivo justo. Ahora se trata de simples instrumentos disfrazados de cruzadas nobles…
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“El pleito es por la Silla…”
Desde el principio, a pocos importó la muerte de un menor en Chalchihuapan. Una simple lectura de las líneas discursivas de la estridencia que hemos vivido en Puebla, nos demuestra la triste realidad. El pleito es por la Silla rumbo al 2018. Casi de inmediato, el difunto José Luis se convirtió en una serie de fotos. Salvo por la polémica en torno a la rueda de prensa de Carrancá, los dimes y diretes se han centrado en liquidar las aspiraciones presidenciales de don Máximo. A la verdad sobre la muerte del niño se le da un carácter instrumental porque el objetivo toral es otro: descarrilar a don Máximo…
Los principales protagonistas que golpean al de Puebla con todo lo que tienen son parte de las corrientes de López Obrador o se trata de simpatizantes del Presidente. Haya o no alianza entre ellos, lo cierto es que tácitamente actúan en consonancia…
“El pleito por el PRD y las diputaciones…”
Es evidente que al interior del PRD hay un forcejeo entre las huestes de AMLO, aliadas con los “especialistas en demoliciones”, y la gente de don Máximo que busca controlar al Partido mediante la estrategia de Maldonado y la alianza con “Los Chuchos”…
La intención es doble: impedir la alianza en torno a don Máximo, especialmente en las elecciones de 2018, y usar los conflictos en las juntas auxiliares como catapulta para desplazar a “Los Chuchos” y a la gente de don Máximo en las diputaciones de 2015…
Una vez más, campea la lucha por el poder y no la justicia en el caso del deceso. Hasta parece que a los que usufructúan casos así, es a los que menos conviene que las cosas se aclaren totalmente porque perderían una importante bandera contra el adversario…
“A la greña por los aliados…”
Hay otra línea de golpeo en el ámbito de los llamados “aliados” del poblano, porque es ahora cuando, peligrosamente, afloran las rencillas entre ellos. Desde afuera, los enemigos de don Máximo están ejerciendo una fuerte presión contra Eukid, poniendo delante de sus enemigos internos una “zanahoria” para que le cobren desde adentro algunas facturas pendientes…
Pretenden provocar una implosión en el grupo de don Máximo. Sus adversarios se han percatado que posee un grupo muy poderoso pero pocos aliados. Un aliado es aquel que tiene su propia base de poder y participa de tus proyectos e intereses. Al consolidar su hegemonía, don Máximo destruyó núcleos de poder y se volvieron subordinados. A raíz del caso Chalcihuapan, le mandan mensajes en el sentido de que “necesita nuevos aliados”. Es el juego del pragmatismo que amenaza con sumarse con los que buscan impedir que llegue a Los Pinos, a menos que les abra espacios mediante una negociación. Está claro: “hay que dialogar”, “entenderse”, “se requiere apertura a la negociación”…
La parte más delicada de la estrategia está en la intención de “dividir” a don Máximo de su verdadera y quizá única aliada: Martha Erika. Antes de Chalchihuapan, querían que él escogiese entre ella y Los Pinos. Hoy es al revés: quieren que Martha Erika decida entre las aspiraciones de don Máximo y la gubernatura, la suya…
Una vez más, el menor fallecido queda en segundo plano…
“La confrontación por el Yunque…”
El Yunque podría capitalizar al interior del PAN la crisis derivada de Chalchihuapan. Habría dos caminos: sería mediante un pacto con don Máximo o en plena arrebatinga. En el escenario político, Franco Rodríguez queda en posición para ser el interlocutor…
La maniobra externa, alimentada por los enemigos de ambos, busca meter cuñas entre don Máximo y el Yunque, para que no haya acuerdo y deriven en un nuevo pleito por el PAN y las diputaciones de 2015. De un lado, inyectan rencor y desconfianza en el primero y, del otro, tientan al Yunque con la idea de que podría resultar favorecido si se suma a demoler el proyecto de don Máximo…
El mensaje es inequívoco: “Te ayudaremos a recuperar el Partido si colaboras en la caída del adversario que tenemos en común”…
De nueva cuenta, hacer justicia en memoria del difunto, brilla por su ausencia. Es triste que se trate de un simple juego de poder…
“La batalla por esclarecer lo ocurrido…”
Saber la verdad no está planteado como un “objetivo”, sino como un “trayecto”. Dudar de lo que digan las autoridades es una estrategia para que nada se aclare. En casos así, no hay que adoptar actitudes defensivas ni de negación. Don Máximo cometió el error de defender la posición, cuando debió seguir la máxima asiática de que en tiempos difíciles hay que ser como el bambú, que se dobla ante la tormenta para recobrar su posición cuando haya pasado. Asumir una actitud rígida te pone en riesgo de que el temporal te quiebre…
La defensa a ultranza puso en tela de juicio el resultado de la investigación, como ahora estamos viendo. Aunque trató de corregir la posición, era demasiado tarde porque a los agitadores no les importa la muerte del niño, sino la turbulencia a que da lugar…
“El corazón de los ciudadanos…”
La lucha pentafásica por el poder es una parte, porque el resultado final se dará en el corazón de las personas. La pelea será en un solo terreno: el del consenso ciudadano. El juego desde Los Pinos consiste en poner a escoger a los electores entre él (incluyendo al PRI y su futuro candidato) y el represor autoritario. Son dos piezas coincidentes: Peña Nieto no cuenta con un aspirante que entusiasme y necesita al de Tabasco para que impida que las izquierdas jalen con don Máximo y, con lo de Chalchihuapan, fracture el consenso en torno al poblano. Uno se quedaría con el poder gubernamental (PRI) y, el otro, con el poder social (AMLO). Sería una forma de “parlamentarismo popular”. De ser así, ¿cómo le hizo el Presidente para domesticar al tabasqueño? Don Máximo debe alejarse del autoritarismo y hallar la ruta perdida del consenso que sus adversarios le arrebataron acá, antes que la conviertan en ruptura nacional…
Hasta entonces…
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