Cada vez que se me viene a la cabeza la historia de Alicia Kingsleigh y Haymitch pienso que cada uno de nosotros tenemos un destino trazado desde que nacemos, definido por nuestro lugar de origen, los padres, las tradiciones, los usos y costumbres y todo aquello que nos van heredando a lo largo de nuestro desarrollo.
Una frase magistral en el cuento de Lewis Carroll en “Alicia en el país de las Maravillas” cuando la protagonista anda buscando al conejo blanco, mira a través del agujero del picaporte y siendo ella demasiado grande la misma cerradura le dice que no puede pasar –por su tamaño- y ella le contesta que no es impasable, sino imposible.
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El picaporte sin dudar le revira: “No, impasable, aquí nada es imposible”.
¿Te has preguntado alguna vez que determinó para contestar “Lo tengo que pensar” ante una situación arreglada o circunstancia fuera del control de Alicia cuando el Lord Haymitch le propone matrimonio ante cientos de personas?
O, ¿Por qué decides casarte?
¿Cómo es que decides dónde trabajar? ¿Realmente tuviste opción?
¿Por qué tus estudios los realizaste en escuelas públicas en lugar de privadas?
Si abandonas tus estudios, ¿Es por voluntad propia o necesidad?
Un análisis más profundo es el cuestionarte si tu ascendencia –padres, abuelos y bisabuelos- tuvieron oportunidad de decidir sobre su vida.
Sí, cuántos hijos, vivir en México, su profesión, viajar, estudiar, migrar, el nivel de felicidad, los progresos económicos o bien, las carencias de cada familia, de cada individuo.
La pobreza que cada uno padece y la riqueza que se posee.
Razones para entender estos elementos; caben en una teoría que ha sido de reciente creación en el país: “Movilidad Social”, cuyas investigaciones corren a cargo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
El objetivo no es otro que analizar las opciones que tenemos como miembros de la sociedad mexicana para cambiar de nivel socioeconómico e identificar la facilidad con que nos movemos a lo largo de la estructura socioeconómica.
Cito a Roberto Vélez Grajales –egresado de Oxford-, actual director del estudio de Movilidad Social del CEEY:
“Los mexicanos piensan que la pobreza y el éxito están determinados por factores internos al hogar, sobre los que los individuos pueden tener mayor control, aunque también le asignan un peso determinante a factores externos tales como cuestiones educativas, que están más directamente relacionadas con la acción pública tradicional”.
Y los primeros frutos de las investigaciones ya son visibles; en el 2011 se levantó la primera encuesta ESRU de Movilidad Social en México y para el año 2013 ya se presentaba el Informe de Movilidad Social de nuestro país.
Los esfuerzos no pararon ahí. Cada año a partir de 2009, el CEEY ofrece una “Escuela de Verano” con talleres y cursos que son la herramienta ideal para la próxima generación encargada de desarrollar y aplicar políticas de desarrollo.
Y tanto informes, encuestas, talleres y cursos, han sido ofrecidos por expertos como James Foster, American University –en Washington-; Philip Oxhorn, de la Universidad de McGill en Canadá, ubicada dentro de las 25 mejores universidades del mundo según Times Higher Education Supplement, -por supuesto con una tendencia hacia el modelo americano-.
Jere Behrman, University of Pennsylvania; Florencia Torche, New York University; Alejandro Gaviria, Ministro de Salud de Colombia; Luis Felipe López Calva del Banco Mundial, Rodolfo De la Torre del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo México; Isidro Soloaga de la Ibero; Patricio Solís, Raymundo Campos y Gerardo Esquivel, del Colegio de México (COLMEX); Marcelo Boado de Universidad de la República (Montevideo), y Enrique Cárdenas, director ejecutivo del CEEY.
Y con talento de origen nacional todo un equipo de investigadores que han hecho del Centro de Estudios, una institución respetable y de prestigio, Juan Enrique Huerta Wong, con un posdoctorado en Política de Desarrollo por la Universidad de McGill originario del vecino estado de Veracruz; el director del estudio de Movilidad, Roberto Vélez Grajales, egresado de las filas de la Universidad de las Américas Puebla, poblano y con un Doctorado en Historia, Claudia Debler Beretsen, Verónica Malo Guzmán, Lisseth Moreno Islas, Ricardo Pérez Pérez, entre otros.
Los hallazgos son rotundos, pues muestran que el origen de una persona determina fuertemente sus condiciones de vida.
Alicia es el claro ejemplo de una chica acomodada de clase, destinada a casarse y cumplir con el rol de la mujer del siglo XVIII
Pero Charles Dodgson –el verdadero nombre del autor- plasma en el cuento algunos matices de la movilidad.
Sí, esa donde Alicia se hacía pequeña y enseguida grande, o viceversa; ir de un mundo –irreal- a otro –real- y darse cuenta de los valores que lleva con ella misma y marcada por su origen, finalmente decide no casarse.
Supo hasta cuando moverse y cuando parar o bien, dudar, incluso obedecer.
Pero llega el momento en la vida de cada ser humano en que es necesario evolucionar, transformarse o bien, quedarse en su zona de confort.
“Yo forjo el camino ahora”, dijo Alicia cuando sintió la confianza, seguridad y el momento adecuado para moverse.
Y tú, ¿Te mueves?