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OPINIÓN

La quintaesencia de la Solidaridad a la francesa

Esta es una guerra a donde vamos todos juntos

Rosa María Lechuga

Pahuateca de corazón, radicada en París. Asistente de investigación Centro de Investigaciones Políticas “CEVIPOF” en Sciences Po Paris. Ganadora del Premio Nacional de Investigación Social y de Opinión 2015 (CESOP) Corresponsal e-consulta 

Domingo, Marzo 29, 2020

He dejado de escuchar las risas de las niñas y los niños para ir al “cole”.

Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que saludé a mis colegas de trabajo en persona.

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Se han escurrido los amorosos ávidos de tomar la foto con la chère Madame Tour Eiffel.

Han desaparecido los pintores del barrio Montmartrois, mi amiga Marie Noël se ha exiliado en su casa de provincia y el bullicio del Moulin Rouge está en cuarentena.

El barrio de  “Buttes aux Cailles” se ha apagado, no más noches onerosas de sexo y alcohol, ni de música en la calle.

Se acabaron los deportistas que irrumpen el bosque de Vincennes, el parque de Boulogne, Campo Marte, Rives de la Seine, Champs Elysées, Tuileries o el jardín de Luxemburgo.

Ya no más Opera, ni en la Madelaine, ni en Versailles ni en Bastille, ni en Mónaco aunque sean 15 metros bajo el nivel del mar.

Adiós a las grandes premieres de cine y por el momento al Festival de Cannes. Ya no veremos a Brad Pitt, Marion Cotillard, Adèle Haenel o a Salma Hayek desfilar por el “tapis rouge”.

Y así como se ha esfumado el festival de cinema más glamuroso del mundo -por el momento-, el salón del libro en París, el maratón por las calles parisinas, el gran festejo de los 60 años de la EUROCOPA así como los conciertos de Avril Lavigne, Pokora, Andrea Bocelli, verán la luz en el 2021.

Y entre tanta calamidad, entre tanta desolación, se ha esfumado el “savoir-vivre” de mi querida Francia.

¡Qué tiempos aquellos donde vivía la “môme Piaf” -Edith- donde vagar con un Chablis en mano, mataba todo desasosiego!

Un desasosiego que a casi dos semanas de “confinamiento”, ha ido tomando forma, a veces de forma positiva, otras tantas, con un ritmo de histeria colectiva.

Sí, se ha esfumado el “savoir vivre” pero se ha reafirmado ese sentido de solidaridad que nos mantiene unidos, que nos mantiene de pie ante un fenómeno del que saldremos vivos y enteros.

¡Le “savoir-faire” à la française!

Han nacido tantas iniciativas de parte de la Sociedad Civil para levantar a la nación francesa, que no hay día en que mi teléfono, mis redes sociales y mi correo postal y electrónico, dejen de recibir notificaciones “ciudadanas”.

Esa, es la quintessence de la solidaridad francesa.

“#Poureux Paris” es una iniciativa de Allan Ballester, quien busca ayudar a las personas que se encuentran en la calle y para ello ha convocado a título benévolo a personas que quieran donar comida y a personas que puedan repartirla. Lo que comenzó como un suspiro y con apenas 10 lunchs para repartir en el día y 2 choferes para llevarlos, hoy suman 120 kits de comida ya entregados y 24 “ciudadanos” que salen a a la calle para repartir lo que más de 850 donadores tienen -tenemos- listo y que se irán programando para los próximos días, pues esto va para largo.

Las donaciones de comida por parte de restaurantes, fueron muchas, dicen, aseguran, miles.

La Solidaridad en Francia en tiempos del coronavirus.

Otros más, ofrecieron departamentos cercanos a los hospitales completamente gratis para el personal médico, evitándoles así la fatiga de regresar a casa y aportando un beneficio para quienes se han convertido en los “héroes y heroínas” de la pandemia.

Ningún esfuerzo se minimiza.

En el arrondissement número 20, entre vecinos se organizaron para ayudar a las personas mayores de 60 años, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas, haciéndose llamar “COVIDBOSCO”.

Algo parecido pasa al interior del país, donde voluntarios se ofrecen para la red alimentaria y tratar de respaldar a su comunidad, a los suyos.

Y a la par de las acciones emprendidas para involucrar a los ciudadanos por el gobierno a través de la plataforma #JeVeuxAider (Yo quiero ayudar), la Sociedad Civil no cesa de organizarse de forma espontánea.

Un día por los niños, abriendo canales de educación a distancia.

Otro, por las personas de la tercera edad, auxiliándolos en trámites administrativos y personales.

O, por las personas cuya vulnerabilidad es más visible como en los refugiados, aquellos con asilo político, sin papeles o migrantes, llevándoles el pan del día.

Y con las enfermeras, médicos o camilleros, que regresando a su casa, encontrarán en la puerta de su casa, comida del día que un vecino se ha ofrecido a hacerla y dejarla, tal cual marca el protocolo.

Las grandes empresas hacen lo propio: Canal + ha dado acceso gratuito a todos los televidentes; la Ópera de París, Palais Garnier, Grand Palais, el Castillo de Versalles también y muchas otras plataformas digitales que son privadas, han liberado sus sitios. 

No queda de otra, organizarse de manera individual para generar una inteligencia colectiva, porque la silla es muy cómoda para quedarse en ella de brazos cruzados y el futuro es enorme, brillante, prometedor como para no ir detrás de él.

Sin importar nacionalidad, raza o color. Esta es una guerra a donde vamos todos juntos, porque no se ganará sola.

Y ya tenemos una fecha.

El #28abril se volvió tendencia en las redes sociales. Todos tenemos un pie fuera de casa para ese día y si todo va bien, correremos a los brazos de nuestra patria.

“Yo correré a abrazarle por haberme adoptado como inmigrante y abrazar el sueño de estudiar mi doctorado”.

Para adueñarse -adueñarme- de las puestas de sol en Saint Tropez.

Para correr por la playa de Saint Malo y comer los mejores gelatos del mundo.

Para cantar la marsellesa a todo pulmón el 14 de julio, en Bastille, enfrente de Madame Eiffel, en la Orangerie del Castillo Versallesco, en Nice, poco importa.

Para volver a tomar a la pirámide del Louvre desde lo más alto con tan sólo dos dedos, o recostándose sobre un lado de ella para la #selfie y agradecerle a Ming Pei, su herencia.

Seremos esos infantes de la patria, con un triple dolor que superar. El estar lejos de casa, de los nuestros, ser inmigrante y afrontar ésta pandemia mundial.

Allons enfants de la Patrie!

                 -que-

Le jour de gloire est arrivé!

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