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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

México, con dos relojes

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Sábado, Julio 19, 2014

El docto y respetado politólogo analista Lorenzo Meyer, hace un repaso y recordatorio interesante sobre el estado del país hoy en día. Dice que partamos del hecho de que, en principio, el Congreso (entiéndese, las dos cámaras) es una institución representativa de los intereses del conjunto social.

En principio –dice también- los miembros del Congreso, son electos por un procedimiento democrático.

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Procedimiento democrático supervisado por una institución, en principio, neutral y especializada (antes IFE, hoy INE).

Cómo explicar, dice el experto, que las encuestas digan que los congresistas, en particular los diputados, supuestamente los más cercanos al suelo social, son pésimamente evaluados por el público, al punto que más del 80% nos les tiene confianza a ellos ni a los partidos que los postularon.

Y el supervisor de las elecciones, hoy INE, concita el 70% de la desconfianza pública.

Le lectura objetiva de esto, nos dice, es que el régimen mexicano sólo es democrático en la forma.

Este preámbulo certero apunta a la dolencia y déficit principal del país: quienes ejercen el poder no representan a la sociedad del país, en ninguno de los tres poderes. Parece un juicio arrebatado. No lo es. Cotéjese la realidad, el día a día de México, con sus poderes e instituciones.

El resultado es  contundente. La cúpula vive en una burbuja espacial, que adecua leyes, poderes e intereses a sus fines y apetititos. La gente vive en otro mundo, el real. El de la miseria, la inseguridad, el desempleo, la injusticia.

Un escenario idílico arriba, divorciado de la realidad, no puede durar eternamente.

Finalmente la realidad toca a la puerta. Y lo puede hacer de manera aislada y abrupta, o bien,  organizada y demandante. Articulada y amenazante.

Por eso, cuando surgen acciones o movimientos que alteran o desacomodan esa máquina  que controla y administra el poder “institucional”, las cúpulas se inquietan, desesperan y llegan a dar palos de ciego, como es el caso de las autodefensas de Michoacán y la forma en que han sido sometidos los discrepantes de allá mismo.

La salida institucional en ese estado  es fallida y tendrá un efecto búmeran, no cuesta trabajo advertirlo. Se ha fabricado a un  grupo de presos políticos que se convertirá en el corto plazo en la piedra en el zapato del gobierno.

El otro invitado imprevisto en este escenario es el partido de López Obrador, MORENA.

Denostado por los aduladores del gobierno, incursiona con interesantes y potenciales perspectivas. Su líder, una hormiga incansable, ha regado mucha semilla por el país. Ya le llegará el tiempo de la cosecha. El campo que recorre es fértil. Por doquier sobran conflictos y él tiene multitud de banderas que levantar.

Aquí, allá y acullá se menosprecia lo que hay atrás de esa organización y su dirigente.

El reloj del tiempo social, que no es el mismo reloj del poder, marcará las horas por venir.

Esto no será pronto. Ni fácil.

UN CUENTECILLO FUTBOLERO.

En un pueblecito azotado por los efectos de un temblor casi todo había quedado destruido. La iglesia, la escuela, el palacio municipal, el penal, el mercadito.

Una brigada del gobierno llegó para ayudar a las víctimas, sobrevivientes, y empezar la reconstrucción. Pero no sabían por donde. Entre las ruinas, no atinaban a saber dónde había estado qué.

Llamaron a algunos vecinos  supervivientes a la tragedia y las versiones eran contradictorias. Un hombre viejo, que el día anterior al sismo había salido de la prisión luego de purgar una larga condena, fue llamado para aclarar la discrepancia sobre la ubicación de la cárcel.

Unos decían que justo en ese lugar, donde había viejos paredones ahumados, había estado la prisión. Otros sostenían lo contrario, y apuntaban más lejos.

Y discutían: ésta era la escuela, no, ésta era la cárcel…

Por fin llamaron al ex presidiario.

Éste hombre llegó, revisó, recorrió todo. Y le preguntaron:

-Oiga, ellos dicen que aquí era la cárcel, usted que pasó tantos años preso ¿qué les dice..?

Y respondió sin inmutarse:

-NO, “ NO ERA PENAL…”.

xgt49@yahoo.com.mx

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