La trama de Anna Karenina, culmina precisamente cuando el Conde Bronsky decepcionado de la vida por el suicido de su amante se enrola en el ejército para ir a luchas junto a los “hermanos ortodoxos de Serbia”, en la guerra contra los croatas de la que se derivaría algunos años después la “Gran Guarra del 14”.
Johann Strauss hijo habría compuesto su célebre opereta “Fledemaus” (El Murciélago) en la que reflejaría la vida alegre y despreocupada de las clases pudientes decimonónicas que se vendría abajo con el Crack de la bolsa de Viena de 1907, cataclismo financiero que, resultaría a la postre determinante en la detonación de la “Gran Guerra”, iniciada a raíz de que un joven estudiante universitario serbio, perteneciente a la secta de la “mano blanca”, habría cobrado la vida de Fernando José, heredero del Imperio Austro-Húngaro, al perpetrar en su contra un atentado el 28 de junio del 1914 en la ciudad de Sarajevo.
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Irvin Berlin componía la hermosa canción Whatt´ll I´Do?, y el Presidente Wodrow Wilson fijaba los planes de acción para enfrentar los riesgos de la estabilidad mundial, mientras las tropas norteamericanas regresaban a su hogar al finalizar la conflagración en Europa.
Pese a que Wilson habría sido el arquitecto de la “sociedad de naciones”, plasmada en el “Tratado de Versalles” que puso fin a la Guerra tras la capitación del Káiser Guillermo II, el Senado se negó a ratificarlos instrumentos que harían de los Estados Unidos parte integrante de la naciente “liga de las naciones”.
La conflagración en el levante Irakí y sirio con el subsiguiente resurgimiento de la denominada “cuestión curda”, aunada a la tensión que se vive en Ucrania, y a la memoria fresca que tenemos de las guerras en los Balcanes durante los años 90; obligaría a nuestros contemporáneos a ponderar la gran capacidad de entrever el panorama mundial que tuviera aquel viejo profesor de política de la Universidad de Virginia, y que plasmara en sus célebres “14 puntos”; y obligarnos incluso a pensar en la geografía del petróleo y el gas de nuestro país sobre cuyas superficies Wilson habría dispuesto la incursión de tropas, tanto en el puerto de Veracruz como al ordenar la persecución de su otrora protegido el General Villa.
Pocos sucesos han sido tan determinante para el desenvolvimiento del destino humano como “La Gran Guerra”, a grado tal de que resultaría catastrófico, incluso, no detenernos a hacer un recuento del mismo en una efemérides de tal dimensión, sobre todo, si hemos de atender a las grandes similitudes que se nos presentan en el horizonte, y ante las que para colmo de males nos faltaría la sabia de artistas, con la que los hombres de hace un siglo si contaron, como la que queda plasmada en las obras de Tolstoi, Strauss o Berlin quiénes mediante el arte pudieran ofrecernos las llaves de la cultura que resultan siempre indispensables para descifrar las realidades.
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