--¿Será feliz?, preguntó Malena al ver la fotografía en el periódico.
--Quién sabe qué signifique ‘ser feliz’ en ese ambiente, --respondió Aurora--. Quién sabe las verdaderas razones por las que dejó su carrera y decidió casarse.
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--Es chistoso que ahora nos hagamos la pregunta inversa: Ha habido príncipes que dejan todo por casarse con una divorciada o una plebeya, y ahora es la plebeya y divorciada la que dejó todo para casarse con un príncipe.
--¿Pero qué es ‘todo’, para ella?
--¡Pues todo es todo! Había hecho mucho por llegar a ser la cara de las noticias en España, lo hacía bien. Iba en ascenso. Tenía un futuro brillante y se veía que disfrutaba mucho su trabajo. Dicen que era obsesiva y perfeccionista al observarse en videos del noticiario para mejorar. Siempre fue ambiciosa, autoritaria y altiva… pero sonreía. Se le notaba satisfecha. Parecía que su trabajo le llenaba. Se le escuchaba brillante. Era protagonista.
--Y se topó con el príncipe… y tuvo que decidir entre su carrera y ser la princesa plebeya divorciada de España.
--Y ahora reina.
--‘Consorte’, le llaman los que no la quieren.
--Lo que sea, pero está ahí con poder y dinero para el resto de su vida. Con una hija que es la siguiente en la línea sucesoria.
--Pues sí. Ya es.
--No sé si sea feliz. El protocolo es rígido y estricto. No tienes vida privada. No tienes libertad de hacer lo que quieras. Haces lo que les conviene a ellos. Juras lealtad y sumisión a los reyes. Estás a la sombra del marido y eres una figura decorativa, siempre en segundo o tercer plano. Eres sólo imagen, mantienes una etiqueta para que vean qué modelo llevas, cómo te sienta, qué diseñador es tu preferido… Impones moda, estilo, elegancia, compites con otras reinas o princesas, que si eres anoréxica o no. En fin. Vives para los demás. No sé dónde está el contenido. No hay vida interior. No hay por donde la encuentres. Te vuelves una sombra.
-- Cambias todo, cedes en todo…
--Sí, quién sabe en su interior a cambio de qué lo hizo y si en realidad le satisfaga. Si en su fuero interior haya momentos en que se arrepienta, pero ya no hay vuelta ‘pa’tras’.
--Era otra. En la pedida de mano, contra todo protocolo de la casa real, le espetó entre sonriente y autoritaria al príncipe “¡Déjame terminar!”… Eso perdió: su autenticidad, nos guste o no la que haya sido. Pero esa era. Ahora trasluce que no sabe quién es. Y aunque aparentemente ganó en estatus, riqueza e imagen, se le ve insegura, tensa y triste. Sí se le ve triste y artificial.
--Un periodista español dijo eso, que tenía la mirada triste. En un evento ella lo retó en público al gritarle: "¡Mírame a los ojos! ¿Estoy triste? Lo has dicho tú."
--¿Será feliz?
--¡Vele la mirada!
--Sólo ella conoce sus fantasmas…
alefonse@hotmail.com