La alianza entre Blanca Alcalá y Enrique Doger es casi un hecho. Ambos saben que son material indispensable para el PRI poblano de cara a las dos siguientes elecciones y en próximos días aparecerán juntos con el pretexto que sea. Sólo ultiman detalles.
Entre sus respectivos grupos saben una cosa: los dos aspirantes tienen los números suficientes para pelear la posición a la gubernatura por el tricolor del 2016 y la del 2018. Primero uno y luego la otra, o viceversa, según lo indiquen los números y el momento. Ellos, hoy muy por encima en conocimiento e intención de voto sobre cualquier aspirante del que color que sea –ratificando que es temprano aún- conforman parte de un PRI que busca regresar a Casa Puebla y que saben bien que de no estar unidos, se colará en la puja algún otro aspirante sin conocimiento ni camino, ni elecciones ganadas. Uno pues, del otro PRI, el del segundo camino.
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Ese grupo secundario lo conforman el diputado local José Chedraui y el sub secretario de Desarrollo Social federal, Juan Carlos Lastiri. En este caso, los dos nombres parecen contar con el apoyo del CEN tricolor y el visto bueno de las altas esferas federales. Sin embargo, hoy por hoy sus nombres son casi inexistentes en cualquier encuesta y sí, ahora mismo resultan ser la mejor opción… para el gobernador. Me explico: en caso de ser cualquiera de estos dos el aspirante oficial para 2016 por el PRI, el inquilino de Casa Puebla podría jugar sus cartas con su alianza partidista cómodamente abanderada por un poco conocido Cabalan Macari, quien con el apoyo de la “maquinaria local” escalaría de inmediato en preferencias y en algún momento podría tener hasta una batalla cómoda de cara a ser gobernador por 20 meses. Tal vez en ello radique la unión Chedraui-Lastiri. Saben que hacerlo les da poder y que podrían aprovechar su cercanía con el primer círculo nacional para pedir que de lanzarse cualquiera de ellos –uno primero y el otro después- no vayan a morir de abandono e inanición esperando recursos. Saben también que las elecciones se ganan con dinero, dinero y más dinero. Y claro, también con un amigo en el PRI local, razón por la cual promueven desde ya al ex secretario particular de Mario Marín, Guillermo Deloya, quien al igual que ellos no figura en encuesta alguna y en una de esas se les cuela también como aspirante a la minigubernatura. Sin embargo, hay que decirlo, una buena campaña y un buen trabajo mediático de ambos puede ayudarlos en conocimiento y hasta en intención de voto. Sólo es cuestión de querer y saber hacerlo.
Estos son en esencia los dos caminos que tiene el PRI poblano para reconstruirse. No hay mucho más de donde “jalar”. ¿O es por el camino de la fórmula Alcalá-Doger –que obligaría en su momento al gobernador a promover al alcalde Tony Gali para el 2016 y descobijar el 2018-; o es por el camino Chedraui-Lastiri, donde de persistir los pobres números de ambos se emparejaría de facto la lucha por la minigubernatura con el candidato de la alianza?
Las respuestas a estas preguntas por parte del PRI nacional y la Federación no deberán tardar. Si es por el primer camino y en él va incluido Doger, el gobierno federal le dará juego al ex rector con alguna delegación o algún puesto tras la elección de 2015, cuando dejará de ser diputado federal. De ser el segundo camino el elegido, las delegaciones que se vaciarán en pos de las candidaturas a diputados federales seguirán a disposición de quienes algún día fueron los hombres más cercanos a Javier López Zavala.