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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Leer, pensar, vivir

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Abril 28, 2014

“La lectura no es simplemente una actividad mecánica. Leer bien es razonar bien dentro de uno de los más elevados procesos mentales que incluye diferentes formas del pensamiento: la evaluación crítica, la formulación de juicios, la imaginación y la resolución de problemas. Aprender a descifrar los símbolos escritos no significa aprender a leer…”

Yolanda Argudín y María Luna. Aprender a pensar leyendo bien.

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La semana pasada abordamos en este espacio la maravillosa aportación del premio nobel colombiano Gabriel García Márquez a la literatura y la importancia de aprovechar sus obras y las de otros grandes escritores de nuestra lengua para promover la formación de lectores.

En esta reflexión se subrayaba la diferencia entre crear consumidores de libros y formar auténticos lectores, estableciendo la necesidad de que los padres de familia y los docentes encuentren estrategias adecuadas para estimular, proponer, invitar o incluso “obligar” –prescribir de manera motivante evitando dejar todo a la libre elección del niño o joven muchas veces influido solamente por la mercadotecnia- a los hijos y alumnos a leer obras de calidad por encima de la llamada “literatura kleenex”- por su carácter desechable- que hoy inunda las librerías.

Durante la misma semana se llevaron a cabo homenajes a García Márquez en México y en Colombia donde los presidentes de ambos países, familiares, amigos cercanos, intelectuales, senadores  y diputados federales y de algunos congresos locales y ciudadanos expresaron su sentir por el fallecimiento del hijo del telegrafista de Aracataca que se convirtió en uno de los padres del llamado realismo mágico y del boom latinoamericano.

Lo ocurrido en estas ceremonias y sesiones de homenaje y las reacciones que se vieron en las redes sociales mostraron evidencias de la enorme carencia que tiene nuestro país en materia de lectura.

A pesar de que se critica al presidente Peña Nieto de ser alguien que no lee, dado el incidente ocurrido en la feria internacional del libro de Guadalajara cuando era candidato, cuando no pudo nombrar tres libros significativos para su formación, su discurso en el homenaje de García Márquez en Bellas Artes fue pulcro y bien estructurado y el de su homólogo colombiano el presidente Santos fue muy bueno.

No ocurrió lo mismo en la sesión del senado en la que los legisladores que subieron a la tribuna para los discursos oficiales en honor del escritor de Cien años de soledad no supieron ni siquiera leer correctamente los nombres de la ciudad donde nació y de las obras que publicó. En la misma sesión se celebró el otorgamiento del premio Cervantes a Elena Poniatowska y la escena no pudo ser más lamentable; dos senadoras de la república tomaron el micrófono para leer de manera textual el mismo fragmento biográfico de la periodista y escritora tomado de un sitio de internet.

Por su parte, la diputada local chiapaneca del PRD, Hortencia Zúñiga atribuyó a García Márquez la autoría de Juventud en éxtasis y Volar sobre el pantano, libros de autoayuda de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Por parte de la ciudadanía hubo un ejemplo emblemático que se volvió casi viral en las redes sociales. En una nota de MVS noticias en su página de internet apareció una muy buena foto del homenaje a García Márquez en Bellas Artes en la que se veía el exterior del palacio con una lluvia de mariposas amarillas que lo cubría. El pie de foto decía: “Al finalizar el homenaje luctuoso al escritor Gabriel García Márquez (1927-2014), miles de mariposas amarillas de papel que llenaron el cielo de la explanada del Palacio de Bellas Artes”.

De inmediato empezaron las reacciones de ciudadanos que desde una supuesta conciencia ecológica pero sin duda alguna a partir de una deficiente lectura de la información comentaron cosas como estas: “Se ve bonito pero espero los derechos de los animales se apliquen fueron cientos de mariposas que moriran La peor masacre de mariposas ya con los petalos era suficiente. Excelente escritor hasta ahí…” (sic), “Hermoso fuera que leyeran todas sus obras, no el sacrificio de estos especímenes fuera de su hábitat!” o “Cierto, cuantas mariposas murieron al atraparlas, el tiempo que estuvieron en cautiverio y a su salida… a donde se dirigieron en esa gran ciudad de México… o les ensenaron el camino a su habitat ..?” (sic).

“¿Por qué leemos lo que se nos antoja y no lo que está escrito?” se pregunta Benito Taibo en su columna semanal en Sin Embargo de donde tomamos las citas anteriores.

Porque aprender a descifrar los símbolos escritos no significa aprender a leer bien, contestarían Yolanda Argudín y María Luna, expertas en materia de enseñanza de la lectura y la escritura. Aprender a leer, si se hace correctamente implica aprender a pensar bien, a comprender y razonar lo que se lee para no reaccionar de manera visceral e irreflexiva ante la información que se recibe.

Si durante la educación básica los estudiantes aprendieran simplemente a leer bien, es decir, a comprender, analizar, razonar y reflexionar críticamente los textos a los que se enfrentan, tendríamos sin duda otro nivel en el debate público y una calidad de vida mucho mejor entre nuestros ciudadanos.

Porque existe una íntima relación entre leer, razonar y vivir. Entre mejor se lea, mejor se razonará y también será mejor la forma en que se viva puesto que como dicen las mismas autoras del epígrafe: “No leer bien es como permanecer aislado, sin suficientes referencias ni relaciones con el mundo externo que permitan la comparación personal y el crecimiento interior…”

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