En su formidable obra “México tierra de volcanes”, da cuenta Joseph Schlarman sobre la notable influencia que en la sociedad mexicana de la época habría ejercido Constantin Alexandrovich Ousmansky, a la sazón embajador de la Unión Soviética acreditado en nuestro país durante los años de la Segunda Guerra Mundial.
En enero de 1945, el avión privado de la legación diplomática soviética en México, estalló en el aeropuerto de la capital del país, cobrando con ello la vida del embajador Ousmansky , quién pretendía dirigirse a la Ciudad de san José .
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El Klemlin habría decidió que Osmansky fungiese concomitantemente como su embajador, tanto en México, como en la República de Costa Rica, decisión que podría muy bien atribuirse a una estratégica diplomática de amplio alcance que abarcase toda la región del Mar Caribe y el Golfo de México, o, quizá, acaso, a meros problemas de restricción presupuestaria.
Lo cierto, es que el avión de la embajada estalló cuando Osmansky se dirigía a presentar sus cartas credenciales al Gobierno de San José, suceso ante el que los peritajes de aeronáutica civil habrían sido del todo omisos en señalar sus posibles causas.
El 17 de febrero de aquel año, un mes después de haber tenido verificativo los sucesos del aeropuerto de la Ciudad de México referidos con antelación, tras asistir a un banquete en Atilxco ofrecido en su honor por la central sindical Confederación de Obreros Revolucionaria de México (CROM), el General Maximino Ávila Camacho, a la sazón aspirante a la nominación presidencial por parte del partido gobernante Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y señalado por la maledicencia pública como el hombre que habría estado tras el atentado que cobrara la vida del embajador Ousmansky, habría fallecido a su vez, en condiciones que, por su parte darían asimismo pie a las conjeturas y a las suspicacias.
Los médicos explicaron el deceso como producto de un síncope cardiaco, explicación que, sin embargo, nunca ha evitado que la sombra de la sospecha se haya erguido sobre el suceso de marras, sospechas que han apuntado desde entonces al envenenamiento como verdadera causa del deceso.
La novela de Ángeles Mastreta: “Arráncame la vida”, sugiere como autora del eventual envenenamiento a la conyuge del Genera doña Margarita Richaldi, transfigurada en la ficción novelada de Ángeles Mastreta como el personaje protagónico de su trama : “Catalina”.
Resultaría por demás digno de indagación, el desempeño de las actividades de la cupletista española Conchita Martínez, quién, por aquellos ayeres, sostendría un amorío con don Maximino, y cuya militancia estalinista en la Komintern, tan intensamente promovida en Méxica durante la Guerra por Osmansky habría quedado de manifiesto a la postre.