En un par de meses los poblanos volveremos a ser testigos de un nuevo evento político que habrá de disfrazar de democracia al modelo – en mi opinión- improvisado y socialmente ineficiente de gobierno en Puebla. Me refiero al informe anual que debe rendir el jefe del poder ejecutivo ante los ciudadanos, sobre el estado que guarda la administración pública que le fue confiada.
Debo aclarar que no es la primera vez que en este mismo espacio se sugiere la necesidad de cambiar el formato con que se estructura el informe anual de los gobernantes, porque en la práctica se ha convertido en un costoso y espectacular evento en cuyo contexto se recrean fastuosos, pero grotescos protocolos que sirven de marco a la magnificación de la lista del gasto público realizado en el último año. En los extremos de la exageración, se han llegado a documentar casos en los que no coincide lo citado en el informe, con los números en los registros.
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Lo interesante del próximo informe de gobierno es que se cumplen tres años de la administración y francamente no creo que el gobernante en turno pueda reunir el valor suficiente para describirle públicamente a la sociedad, la realidad que vive el estado de Puebla detalladamente, por áreas de la administración.
Personalmente no le encontraría el sentido a escuchar la confirmación de lo gastado que por cierto continúa aumentando anualmente a partir de la administración de Manuel Barttlet. Desde entonces y hasta 2010, es decir en 18 años, Puebla recibió más de 370 mil millones de pesos procedentes de la federación. En la administración actual se han recibido más de 150 mil millones y los mismos problemas siguen avanzando; no es pues, su solución, asunto de dinero.
Lo interesante sería escuchar cuánto es lo que falta por hacer en los temas que más rezago tienen los poblanos de todo el territorio y las causas por las que no se ha avanzado. Entre estos están el aumento de los índices de pobreza en el territorio; la insuficiente oferta de seguridad pública que lacera el patrimonio familiar; la falta de promoción de la actividad económica de los poblanos (distinta de pagar la inversión de extranjeros con dinero público) en los sectores agrícola, industrial y de servicios; el aumento de los costos directos e indirectos debido a los problemas de contaminación; el agotamiento de los recursos naturales como precursor de migración y pobreza, por citar algunos.
No se trata de acomodar datos, videos y fotografías. Eso no hace tomar conciencia a la sociedad poblana sobre el esfuerzo con el que hay que acompañar al gobierno para llegar a un objetivo común. No hace falta a los poblanos que las campanas de catedral enmarquen los índices macroeconómicos logrados con el arribo de tan altas cantidades de dinero recibido de la federación, porque que no se distribuyen en Puebla. No hace falta a los poblanos el millonario gasto en eventos de superación personal que no encuentran escenarios locales de aplicación. No hace falta que a través de la presión política a los presidentes municipales, se les recorte el presupuesto a los municipios y se les castigue por oponerse.
Creo que un informe anual de gobierno de cualquier entidad federativa debería enmarcarse en el diagnóstico de la realidad que vivimos la sociedad, en las políticas públicas diseñadas para lograr los objetivos establecidos, y en el resultado del ejercicio del presupuesto destinado a ello. La autocomplacencia por simplemente gastar sin resolver, ratifica la calidad política y moral del gobernante.