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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ineptitud, refrescos y responsables

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Octubre 21, 2013

DAÑOS POR INEPTITUD.-Bien,  que  cada día se multiplique el número de personas de todas las edades que practican en la ciudad el trote y la carrera. Pero muy mal que  con este pretexto se manifieste la ineptitud  recurrente de los responsables del  tránsito y circulación municipal y estatal.  Ayer, por ejemplo, hubo una carrera allá en la zona de Angelópolis. Con ese motivo, cerraron y trastocaron el tránsito en toda la zona de la Ibero y el Jardín del Arte, perjudicando a miles de personas.

El daño fue para vecinos, colonos, personas en tránsito en la zona, pero sobre todo para corredores que querían hacer uso del citado parque. Con la estupidez reiterativa de los funcionarios de tránsito,  carentes de  sentido común para hacer compatible la circulación vehicular con los eventos deportivos como este, el  efecto negativo es para las autoridades municipales y estatales, para quienes abundan condenas, reproches y otras clases de referencias.

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Y esto es cada vez más común.  Casi cada semana. Colateralmente se afecta a restaurantes, comercios y turismo, quienes cargan los daños de la incompetencia  de esa clase de tipejos que mal ocupan un puesto que perjudica a la gente.

Las casas comerciales y marcas patrocinadoras  tienen también una parte de culpa, por ser omisos o corresponsables de una pésima  organización que pasa por encima del ciudadano común.

OBESIDAD Y REFRESCOS.-Bien por el impuesto al consumo  de refrescos en el país, pero mal porque  es simplemente un parche  cuyo fin real es  ingresar una millonada a las arcas nacionales, dejando al margen  toda una red de intereses que medran con la ignorancia de la gente.

Dígase si no que, al margen del consumo de refrescos y el despreciable campeonato que el país ostenta en esta materia, persiste intocada y protegida  una maraña de negociantes que conspiran con la salud de todos, mediante la venta impune de productos chatarra en las “tienditas” de las escuelas, en los puestos callejeros  y en el comercio  mal llamado “ambulante” que prolifera en el país.

En este país, suman millones los negocios callejeros que gozan del amparo de las autoridades y que son fuente de enfermedades gastrointestinales y suministro de toda clase de porquerías envasadas y cargadas de productos químicos, azúcar y sal, frente a la mirada complaciente de los ayuntamientos, autoridades de salud, directivos de escuelas y ¡el cómo!, hospitales.

Es aquí, en este “México de mis refrescos”, donde se da la brutal paradoja de que en la  misma entrada de los hospitales, en fritanguerías multiformes , se producen diariamente miles de pacientes que son, en breve tiempo, carne de hospital vía obesidad, sobre peso , hipertensión arterial o males cardiacos. Diabetes y cáncer, por supuesto.

Ninguna autoridad mete en cintura a estos subversivos de la salud social,  ni siquiera regularizando el problema, como podría ser el control  o moderación  de ciertas prácticas de economía informal como las citadas.

Y la otra cara igualmente incólume es el comercio brutal de esta clase de productos chatarra de excesiva azúcar y sal, a través de los canales de televisión, que durante horas y horas cada día, tienen secuestrada la mente de los consumidores más vulnerables al respecto: los niños.

Esto es una violación visual con efectos mortíferos  en la salud colectiva.

Un crimen gigantesco, silencioso, “dulce”, cínico, brutal.

 Este poder fáctico, como se vio descaradamente en los días recientes, hace causa común con las refresqueras, y reciba la bendición protectora de las autoridades, las que con una mano bendicen y con la otra captan impuestos en bolsas multimillonarias. El de en medio es el de siempre:  ese público formado por millones, con el bolsillo perforado y la salud socavada por los expoliadores eternos.

La pasividad  de los mexicanos adultos tiene también su parte. A veces por necesidad, pero mayormente por negligencia, irresponsabilidad y dejadez,  es factor  concurrente para hacer crítico este problema.

 No asume el papel de constructor de hábitos de salud, no practica lo que predica, no elimina de su propia dieta y de la familia los consumos altamente dañinos, no provee a los chicos de una alimentación sana y, opta por el común y facilón consumo de refrescos y porquerías empaquetadas en bolsas. Tampoco fomenta e induce o se inclina  por la práctica del ejercicio y el deporte de modo constante, y escoge mejor la comodidad de derivar las culpas al gobierno y llenar los hospitales de enfermos.  Esto es así, a las cosas por su nombre.

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