Porque en política nadie debe darse por muerto, estos últimos días hemos observado la reaparición en la vida política nacional de la panista Josefina Vázquez Mota quien fuera candidata a la presidencia de la República en 2012, después de una precampaña donde se impuso al candidato del ex-presidente Calderón el oficialista Ernesto Cordero esto representó un triunfo de la militancia sobre la línea presidencial, lo cual sin duda influyó en el desempeño de la campana de Josefina hasta llevarla a la derrota.
Después de su fracaso en aquella elección y haber dejado a Acción Nacional en el tercer lugar de las preferencias electorales, hoy es la más seria competidora de Gustavo Madero por la dirigencia nacional del PAN.
Quienes también aspiran a controlar el partido son los calderonistas a través del Senador
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Ernesto Cordero, quien ha sumado a su causa al ex-vocero de la campaña presidencial Javier Lozano y a la derrotada ex candidata al gobierno de Michoacán y hermana del ex-presidente Luisa María Calderón, lo que mantendría al PAN en una posición más crítica de lo que ha sido bajo el liderazgo de Madero después del desgaste de Cordero como coordinador del grupo parlamentario del PAN en la cámara alta.
Así mismo Gustavo Madero actual presidente del partido también ha manifestado su interés por la reelección con el pretexto de poder concluir los acuerdos establecidos con el gobierno federal a través del Pacto por México, así como la negociación de la reforma político-electoral letra de cambio por apoyar las reformas del pacto principalmente la energética. Sin embargo, la última reforma estatutaria de PAN la cual abrió la elección de las dirigencias a todos militantes derivado de la salida masiva de panistas después de la derrota del 2012 y como un intento por legitimizar los liderazgos en un supuesto ánimo democratizador paradójicamente a quien más convendría un proceso abierto es a la ex candidata presidencial.
Aquí es donde Josefina Vázquez tiene su oportunidad, si consideramos entre otras cosas que la militancia de su partido está cansada de tener en sus dirigentes una actitud pasiva y hasta colaborativa con la actual administración priista, la actitud tomada por la dirigencia panista hasta antes de la presentación de la reforma hacendaria que hacía ver al PAN como un partido satélite del PRI, lo que les hizo perder identidad y credibilidad con la sociedad además de que a los panistas les pasó lo que al PRI después del 2000 se acostumbraron a disfrutar de las mieles del poder y se les olvidó su larga tradición de partido opositor.
El principal discurso que podría sostener la campaña de Josefina sería el que ella a diferencia de Cordero o Madero, no tiene acuerdos visibles con el gobierno de Peña Nieto o con personajes de su primer círculo. Este desgaste que ha sufrido la dirigencia panista por los acuerdos cupulares con el PRI y el PRD en el Pacto por México y que se han visto reflejados en las reformas aprobadas, como la educativa y la de telecomunicaciones, le otorga a Josefina la oportunidad ahora si de ser “diferente” y marcar una distancia de cómo ha procedido hasta ahora Acción Nacional.
Otro punto que tiene Josefina es su popularidad, a pesar de haber perdido en la elección de 2012, esta elección será entre militantes panistas quienes saben quiénes y cómo ha trabajado por su partido.
Queda aún pendiente la reforma energética que al parecer el PRD la votará en contra mientras que Acción Nacional por sus antecedentes neoliberales así como una propuesta que emitieron en la pasada administración es probable que la voten a favor con mínimas correcciones.
Esperamos una contienda competida entre ellos tres; pero lo que no saben Cordero ni Madero es que el arma secreta de Josefina podría ser el de pedir nuevamente el apoyo de género y quien no vote por ella se quedará sin “cuchi cuchi”, y contra eso nadie puede.