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Cultura del sufrimiento | Víctor Reynoso
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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Cultura del sufrimiento

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Septiembre 18, 2013

En México la sociología es una ciencia marginal, menor, ignorada. Y en declive: la hiperpolitización que vive el país la desplazó en favor de la ciencia política. Una lástima, pues la sociología puede dar luz sobre temas importantes. Como la cultura del sufrimiento. Y la forma en que vivimos los desastres naturales, por ejemplo.

Hace ya tiempo que Fernando Escalante Gonzalbo publicó un libro sobre el tema (La mirada de Dios. Estudios sobre la cultura del sufrimiento). La idea central es clara y sugerente: los sentimientos, son productos del tiempo y la cultura. Varían a lo largo del tiempo y a lo ancho de la geografía. Y la forma de sufrir moderna en el mundo occidental la inauguró Juan Jacobo Rousseau. Una forma sentimental, excesiva, pero cuya característica sobresaliente es que ve a la sociedad como causa del sufrimiento.

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Si comparamos esta forma de sufrir con las anteriores quedará clara la importancia y la novedad que Rousseau inaugura. Antes, en una gran tragedia personal o social, lo usual era ver la mano de Dios. Si el que sufría era creyente, es probable que buscara en sus pecados, reales o imaginarios, la causa de su tragedia. Por hacer esto o aquello, o por no hacer esto o aquello, estoy recibiendo el castigo que merezco. Si el sufriente era más bien dado a la blasfemia, culparía a Dios de injusto, caprichoso, sádico.

Un ejemplo notable en el libro de Escalante es el de un contemporáneo y adversario de Rousseau, Voltaire. Ante el célebre terremoto de Lisboa (1755) Voltaire escribe un poema que marca una nueva forma de ver el sufrimiento. De acuerdo con esta no es posible concebir la acción de un Dios omnipotente que causa tal sufrimiento a tantos inocentes. Es la época de la “descristianización” ilustrada, dice Escalante: los años en que se publica también el célebre Discurso sobre el origen de la desigualdad de Rousseau y las obras en la misma línea de Hume y los enciclopedistas. La explicación cristiana, y en general teológica del sufrimiento deja de ser dominante.

Escalante recupera una mirada muy distinta, 151 años después, ante otro terremoto trágico: un artículo de William James ante el terremoto de San Francisco de 1906. James ya no ve la injusticia de un Dios que permite que mueran inocentes. El contraste entre Voltaire y el escritor norteamericano es interesante: el francés era agnóstico, crítico del cristianismo y de la iglesia, y sin embargo escribe un poema con Dios en el centro. El norteamericano era espíritu sensible a las realidades espirituales, pero no menciona a Dios en su artículo titulado “Acerca de algunas consecuencias mentales del terremoto”.

Para James la tragedia de San Francisco no es motivo de queja y crítica ante la Providencia, sino un “dato”. Lo ve como algo distante, con mirada de científico. Como algo a observar y como un problema práctico a resolver: la acción del Estado. La visión moderna del sufrimiento, que tiene sus gérmenes en pensadores tan distintos, antagónicos en algunas cosas, como Rousseau y Voltaire, encuentra en James su maduración: no hay que culpar a entes trascendentes de nuestras tragedias, hay que resolverlas mediante la acción del Estado y la sociedad.

Hoy estamos muy lejos, en materia de cultura del sufrimiento, de Voltaire. Estamos todavía en la época de James: ver en los desastres de la naturaleza datos a analizar para resolver o mitigar el sufrimiento humano, mediante la acción técnica del Estado. Mediante “políticas públicas” se diría ahora. Pero Rousseau sigue siendo actual, en su queja sentimental que encuentra las causas del sus penas en la sociedad, en la acción o inacción del Estado, en las estructuras y desigualdades sociales.

Profesor investigador de la UDLAP

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