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Cultura
Entre promesas, escapularios y antojitos, cientos visitan a la Virgen del Carmen
Ella me sanó: testimonios de una fe que resiste al tiempo
Foto: Erin Palma
Con flores, escapularios y plegarias, cientos de fieles llegaron una vez más al templo dedicado a la Virgen del Carmen para cumplir una tradición que se repite año con año. Para muchos, no se trata solo de una promesa cumplida, sino de un reencuentro con la fe, la familia y la memoria.
“Yo le he pedido muchas cosas con fe y sanación, y me las ha dado”, cuenta una mujer que desde hace años acude sin falta cada 16 de julio. Como ella, otras personas comparten que el motivo de su visita es agradecer, pedir por la salud de sus seres queridos o simplemente mantener viva una tradición heredada desde abuelos y padres.
A pesar de los años y las dificultades, como enfermedades o pérdidas familiares, hay quienes no faltan a la cita. “Aunque mi esposo ya no me acompaña, yo sigo viniendo. Es algo que me llena el alma”, dice una visitante originaria de Tlaxcala, que lleva décadas asistiendo a esta festividad. A su lado, otras mujeres esperan a sus familiares para compartir la comida y seguir celebrando juntas la tradición.

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El ambiente es una mezcla de fervor, aromas y colores. Los puestos de antojitos poblanos, dulces y recuerdos religiosos rodean el atrio de la iglesia. Una comerciante que lleva más de 30 años vendiendo escapularios, asegura que la Virgen es milagrosa también para el sustento: “Empezamos desde mayo a prepararnos. Siempre se vende, aunque ahora hay más competencia”.
Aunque la misa y la procesión son el corazón de la celebración, el día no estaría completo sin probar los tradicionales antojitos. Mole, chalupas, dulces típicos y refrescos se disfrutan en compañía. La comida también une, como lo hace la fe. “Venimos a misa, pero también aprovechamos para reunirnos en familia y comer algo rico”, dice una visitante entre risas y aromas de comida.
Para muchos, la devoción no se limita a este día. Algunos reparten escapularios a familiares y amigos para acercarlos a la Virgen del Carmen. “Yo les doy el escapulario y les cuento lo milagrosa que es. A veces solo hace falta una chispa para que otros también crean”, comparte una mujer que cada año invita a más personas a conocer esta tradición.
La Virgen del Carmen, dicen sus fieles, no distingue edades ni condiciones. Se le busca con la misma fe por jóvenes, adultos mayores, comerciantes o madres de familia. Cada rostro que se acerca al templo tiene una historia, una petición o un agradecimiento que guarda entre oraciones.
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Así, entre veladoras encendidas, cantos y aroma a mole, la fe permanece. Y mientras haya quien la invoque, la Virgen del Carmen seguirá reuniendo generaciones enteras en torno a su imagen. (EP)