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Nación
Ante un panorama crítico de retiro, exmilitares reciben ofertas como una oportunidad para salir adelante
Foto: e-consulta
El reciente arresto de 11 exmilitares colombianos en Michoacán colocó en el radar de las autoridades una preocupante estrategia del crimen organizado en México que consiste en la contratación de estos elementos —algunos de ellos activos— como mercenarios especializados.
La operación que derivó en la captura de miembros de Los Reyes por su involucramiento en la explosión de una mina terrestre el 27 de mayo y que dejó a 8 muertos, desmanteló una célula integrada por exgrupos de autodefensa colombianos que contaban con un centro de adiestramiento y manufactura de minas antipersonales.
El fenómeno de reclutar exmilitares colombianos, lejos de ser una actividad nueva, reveló una evolución táctica de los cárteles mexicanos, cada vez más militarizados y globalizados para retar a los gobiernos y así, continuar con la producción y tráfico de drogas.
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Los cárteles mexicanos encontraron en los excombatientes colombianos un perfil ideal por sus conocimientos en guerra, conocimientos técnicos en explosivos, asistencia médica en casos de emergencia, actividades de lancería y paracaidismo. Los mercenarios colombianos cuentan con las siguientes características:
Aunque el caso resonó a nivel global por la gravedad del ataque, el reclutamiento de colombianos como mercenarios no es una actividad nueva.
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Desde principios de los años 2000, empresas como Blackwater en Estados Unidos, iniciaron un proceso de subcontratación de exmilitares colombianos para zonas de conflicto como Irak, Afganistán y Yemen. Posteriormente, firmas privadas del Golfo Pérsico, como Global Security Services Group (GSSG), ampliaron esta red hacia África y Medio Oriente.
El caso del magnicidio del presidente haitiano Jovenel Moïse en 2021, quien fue ejecutado por un comando de 26 colombianos, evidenció el alcance de estas redes: 24 eran militares retirados, algunos con vínculos con agencias estadounidenses.
La participación de los soldados en guerras ajenas y operaciones encubiertas provocó que los militares colombianos se vieran involucrados en una “exportación militar” que ya llegó a suelo mexicano.
Más de 300 colombianos murieron en la guerra de Ucrania, donde también fueron reclutados para la Legión Internacional, el incremento de militares en guerras ajenas habla de un ejército paralelo, formado por veteranos empujados por una cruda realidad económica.
Colombia cuenta con una de las Fuerzas Armadas más grandes de América Latina, con una cultura marcada por 60 años de conflicto interno y donde miles de soldados se retiraron a los 40 años con pensiones de 350 a 450 dólares mensuales.
Ante un panorama crítico de retiro que no está respaldado por el Gobierno, los exmilitares conciben las ofertas extranjeras como una oportunidad de supervivencia al recibir sueldos de 4 mil dólares o más para servir en lo único que tienen experiencia: conocimientos de guerra.
“No somos terroristas. Ser soldado es sinónimo de gallardía”, declaró Dante Hincapié, un exoficial que sirvió en Emiratos Árabes y Yemen. Para él y muchos otros, el problema radica en el abandono estatal, la falta de políticas de reinserción laboral y la persecución legal contra exmilitares que los empuja a buscar opciones donde su experiencia tiene valor.
Sin embargo, el fenómeno tampoco puede desligarse del marco legal e institucional, pues incluso empresas multinacionales como Chiquita Brands y Drummond con presencia en Estados Unidos, fueron señaladas por su presunto financiamiento a milicias privadas, bajo el argumento de proteger intereses corporativos.
La incursión de mercenarios colombianos en México representa una nueva fase en la expansión de este fenómeno. La creciente militarización del narcotráfico —impulsada por guerras territoriales entre cárteles como el CJNG, el Cártel de Sinaloa, Los Chapitos, o Los Reyes— llevó al crimen organizado a profesionalizar sus estructuras armadas.
Ya no basta con incluir sicarios locales, ahora los cárteles buscan exmilitares con entrenamiento extranjero, capacidad logística y experiencia en combate urbano y rural. Siendo los exmilitares veteranos de Colombia los mejores postores para su reclutamiento.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro y Alfredo Molano Jimeno, cónsul general del país sudamericano, consciente del riesgo, desarrolló una serie de iniciativas legislativas para prohibir la participación de sus militares en conflictos armados extranjeros. Sin embargo, mientras no existan alternativas económicas reales ni programas efectivos de reintegración, el “mercado de la violencia” seguirá activo.
Aunque las ofertas podrían resultar conmovedores y fáciles de alcanzar por su experiencia militar, colaborar con el crimen organizado mexicano tiene una serie de estrictas condiciones que incluyen contacto cero con familiares y conocidos; evitar información personal y confidencial; un alto grado de disciplina y compromiso con la organización que trabajan.
Desde Haití hasta Ucrania, y ahora en Michoacán, el papel de los exmilitares colombianos en conflictos ajenos ya no es una excepción, sino una tendencia. Y México, ante la sofisticación creciente del crimen organizado, enfrenta un desafío que trasciende sus fronteras. (PSR)