En una vieja casona conocida por los vecinos de Malinalco, estado de México, como La Quinta, ubicada en la zona centro de Malinalco, el fin de semana se celebró la boda de la hija de Pablo González Guajardo, director general de Kimberly Clark México, quien a su vez es hermano de Claudio X. González Guajardo, fundador de la organización Sí por México, opositora al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Con poco más de 300 invitados, el enlace matrimonial se convirtió en uno de los eventos sociales más grandes celebrados en este municipio en meses recientes, pese a las recomendaciones de las autoridades sanitarias ante la pandemia.

La familia González Guajardo recomendó a los invitados portar cubrebocas e incluso rentó una ambulancia privada, pero a medida que se desarrolló la fiesta, la prevención y la sana distancia se olvidaron y por la noche ya nadie portaba mascarilla, como se observa en videos difundidos en redes sociales.

Claudio X. González ha sido uno de los personajes más críticos del gobierno federal, en especial por el manejo que ha dado a la contingencia sanitaria por el Covid-19.

Uno de los vecinos publicó el domingo por la mañana en la cuenta de Facebook del ayuntamiento: “Buenos días, amigos. Con permiso del administrador, quisiera preguntar algo al señor presidente (municipal) Roberto Cabañas: aquí en Malinalco puso cámaras y bocinas en los postes de las esquinas, chingue y chingue con que estamos en semáforo naranja, y aquí a Santa María un pendejo vino a hacer una fiestota y no dejó dormir. ¿Por qué chingados no mandó a la guardia? ¿Pero qué tal a un vendedor ambulante? Le mandan hasta ministeriales. Estoy muy enojado. ¿Qué está pasando, señor presidente?”

Los vecinos del barrio de Santa María aseguraron que el 26 de noviembre comenzaron las molestias. Varios camiones fueron estacionados en la calle Juárez –una de las principales de la localidad– y descargaron “sillas, mesas, luces y todo para la fiesta”.

Los vehículos obstaculizaron la entrada a algunos locales comerciales y varias veces se pidió que los movieran.

Para el viernes, en La Quinta ya había trabajadores traídos de fuera para organizar la fiesta, comentó una joven que tiene un local cerca.

El sábado temprano llegó una ambulancia privada que se estacionó a la puerta del inmueble. Entre las 13 y las 14 horas autos de lujo hicieron de las calles Juárez, Agricultura e Insurgentes su estacionamiento privado, donde aguardaban choferes y guardaespaldas.

“Veías llegar a la gente con cubrebocas, pero para la noche ya nadie lo traía. Los escoltas nunca trajeron y ellos tenían su fiesta en la calle”, relató una vecina, según la reseña del diario La Jornada.