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¿Y, entonces que le digo a tu papá? Gabriel García Márquez 1927 -2014

El joven Gabo, había abandonado los estudios universitarios. Sólo el abuelo creyó en él, sentenciando que sería un gran escritor

¿Y, entonces que le digo a tu papá? Gabriel García Márquez 1927 -2014

Siguiendo la tradición y costumbres de nuestros pueblos, debieron haberle puesto Olegario cuando nació, según dictan lo almanaques, pues el 6 de marzo es día de San Olegario y ese domingo en Aracataca, muy cerca de barranquilla, en Colombia, llovía a cantaros, “Acababan de sonar las campanas de la misa de las nueve de la mañana cuando los gritos de la tía Francisca se abrieron paso, entre el aguacero por el corredor de las begonias: “¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!” Y nuevos alaridos enmarañaron la casa.

Una vez liberado el cordón umbilical enredado en el cuello, las mujeres corrieron a bautizar al niño con agua bendita”. Gabriel fue el nombre que les vino a la cabeza por su padre y José, recordando al Santo Patrono de Aracataca. Con las prisas nadie se acordó del mandato - costumbre del santoral. Debió llamarse Olegario.

Y, pasó a ser Gabriel José García Márquez, hijo de Luisa Santiaga y Gabriel Eligio, siendo el mayor de once hermanos.

Muchos años después en el viaje que hizo acompañando a su madre al volver a aquellas tierras pantanosas donde las lluvias ocupaban una sola estación; la de todo el año, y pasando por una otra de las estaciones, una de las muchas del tren, abandonadas, en ruinas, con sus techos de láminas de zinc, para permitir el escurrir de las eternas lluvias; por la ventanilla, el inquieto Gabriel vio sobre la tablilla que anunciaba el nombre del pueblo ya abandonado: “MACONDO”, nombre que debía pasar a la inmortalidad en “Cien años de soledad”.

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El motivo del viaje era vender la vieja propiedad de la familia, la casa primordial, pero, la madre, Luisa Santiaga aprovechó cuanta oportunidad tuvo para preguntar a Gabriel: - ¿Y, entonces, qué le digo a tu Papá?

La pregunta era porque el joven Gabo, había abandonado los estudios universitarios, en los que a fuerza y con disgusto del joven, su padre le había inscrito; para dedicarse de cuerpo y tiempo entero al periodismo en Barranquilla adonde su madre pasó por él para el viaje que García Márquez recuerda y describe en “Vivir para contarlo”, sus memorias en un tomo, obra que ha quedado inconclusa, aunque el escritor siempre anunció, que seguiría trabajando en ello. ¿Y, entonces, que le digo a tu papa? La pregunta era una verdadera misión que la madre llevaba para hacerle volver a los estudios.

Pregunta, también sin respuesta; sólo el abuelo, creyó en él, sentenciando que el jovencito sería un gran escritor. El tiempo le dio la razón.

Ahora y por mil años más; “Cien años de soledad” seguirá leyéndose y cautivando mentes, mientras tanto, no se encuentran palabras de consuelo para Mercedes “la Gran Gaba”. Y la lluvia que por años, meses y semanas cayó sobre Macondo, ahora seguirá cayendo sobre Aracataca y todo el mundo de las letras en forma de lágrimas para recordarle por siempre.

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