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OPINIÓN

Marvel convierte a sus personajes en animales para ganar fallo en el tribunal de comercio internacional

Uno de los negocios más lucrativos a nivel mundial

Enrique Romero Razo

Licenciado en Derecho por la Escuela Libre de Derecho de Puebla, con especialidad en derecho fiscal y empresarial.
Se ha desenvuelto en los sectores público y privado.
Además, se ha desempeñado como columnista; consultor de diferentes medios de comunicación en temas jurídicos; locutor de radio y conductor de televisión.

Domingo, Septiembre 6, 2026

El universo cinematográfico de Marvel representa, hoy por hoy, uno de los negocios más lucrativos a nivel mundial.

Lo anterior se afirma porque no únicamente se trata del lanzamiento de un largometraje sobre alguno de sus personajes, sino de la comercialización, a escala internacional, de todos los productos relacionados con la película.

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Así, por ejemplo, la comercialización de juguetes, playeras, gorras, vasos y un largo etcétera representa ingresos de millones de dólares en favor de la empresa que tiene la propiedad de personajes icónicos de la cultura pop como el Hombre Araña, Hulk o los X-Men.

Y precisamente respecto de estos últimos —un grupo de superhéroes con facultades metahumanas gracias a una mutación genética— se inició un proceso legal ante el Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos en el año 2003, toda vez que el gobierno de aquel país decidió gravar con un arancel del 12 por ciento la importación de todas aquellas figuras de acción provenientes de China, mientras que los juguetes fabricados en el gigante asiático que representaran animales o monstruos tan solo pagarían un gravamen del 6 por ciento por concepto de cuota arancelaria; es decir, la mitad respecto de los muñecos que representaran seres humanos.

Por ello, los abogados de la empresa Toy Biz, que se encargaba de importar juguetes de personajes de Marvel fabricados en China —actualmente lo hace el gigante corporativo Hasbro—, durante diez largos años se enfocaron en tratar de demostrar ante los jueces del Tribunal de Comercio Internacional que los personajes conocidos como X-Men no eran humanos, aunque en su nombre se dijera lo contrario.

Finalmente, dicha empresa obtuvo un fallo a su favor mediante el cual se determinó que, al tener un gen mutante, personajes como Cíclope, Wolverine o el Profesor Xavier no eran humanos y, por tanto, la importación de sus figuras de acción debía tener una menor carga fiscal.

Así, mediante un peregrino fallo judicial, se determinó que no solo los X-Men, sino también los Cuatro Fantásticos, Hulk y el Hombre Araña entraban oficialmente en la categoría de animales o monstruos, todo con el único objetivo de pagar menos impuestos al gobierno estadounidense y obtener mayores ganancias.

Dicha resolución histórica, a la fecha, tan solo forma parte del anecdotario judicial internacional, al haberse derogado esa carga arancelaria desde hace mucho tiempo, amén de que actualmente el gobierno de Donald Trump ha impuesto de manera generalizada aranceles a productos chinos que se importan para ser vendidos en el mercado norteamericano.

Si ese dilema se hubiera presentado en nuestro país, jamás habría sido posible algo semejante, ya que los personajes que fueron nuestros superhéroes en la infancia, como El Santo o Blue Demon —cuyos juguetes eran burdas figuras inamovibles, con los brazos abiertos en posición de ataque y con acabados que ningún control de calidad gringo hubiera aceptado—, el Chapulín Colorado o el siempre poderoso Kalimán, el Hombre Increíble, no solo eran humanos, sino que todos se caracterizaban por tener un gran corazón.

Por eso, México —hasta en sus superhéroes— tiene un lugar de honor en el concierto de las naciones, al preconizar que la bondad tiene primacía sobre cualquier superpoder.

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