Mi papá fue líder estudiantil del Tecnológico de Saltillo por ahí de 1975-1976. Después fue director del mismo en 1986. Por cierto, tuvo un movimiento estudiantil. O sea, las hizo y las padeció. Siempre me contó algunas historias sobre lo que vivió como líder en esos años. El 68 y el Halconazo estaban muy cerca. Los estudiantes seguían vigilados, pero protegidos al mismo tiempo.
Hay una historia que me contó y que siempre recordaré: cómo Mario Moya Palencia se disciplinó ante el destape de José López Portillo. Pero, sobre todo, recuerdo el apoyo que el entonces gobernador de Coahuila, Óscar Flores Tapia, le dio al que parecía el candidato “natural”. Veamos: Luis Echeverría, Gustavo Díaz Ordaz e incluso Adolfo Ruiz Cortines habían salido de Bucareli para buscar la Presidencia. Nadie puede culpar al gobernador de tener bodegas llenas de propaganda que decía “MARIO MOYA PRESIDENTE”.
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Acaso, en la historia de nuestro México, ¿no le ha pasado algo similar a algún gobernador apoyando a un “futuro” candidato o a un presidente municipal haciendo lo propio con un “futuro” candidato a gobernador?
En fin, mi papá me contaba, porque lo vivió muy de cerca, cómo le terminó de ir a Óscar Flores Tapia, quien se vio obligado a pedir licencia y no terminar su sexenio. A quien le fue bien fue a quien le atinó y apostó por López Portillo: “El Diablo” de las Fuentes, gobernador electo de Coahuila de 1981 a 1987. Si Flores Tapia tuvo que lidiar con mi padre, “El Diablo” lo apoyó muchísimo en su paso como director.
En fin, historia.
Ya lo he dicho en este espacio: la historia es la maestra de la vida. Se disfruta mucho cuando se escucha de quien la vivió. Mi memoria me alcanza para poder contársela a mis hijos y, por si acaso, lo dejo por escrito, porque, lo reitero, escribir compromete. Y lo dicho, dicho está. Si no, vean a su alrededor. Es mejor cuidar lo que uno dice antes de hacerse bolas y arrepentirse de ello o ser “funado” …
Regresando a la historia, Mario Moya Palencia aceptó, por dura que fuera para él, la decisión presidencial. Vaya, significó casi su muerte política. No lo hizo por cariño personal a Luis Echeverría. Lo hizo porque jugó en ese sistema, sabía de las ventajas y desventajas de hacerlo.
¿Hubo pataleo? Pues no está documentado. Lo que sí es que, al poco tiempo de ser destapado José López Portillo, Mario Moya fue a Culiacán a acompañar al presidente en un informe. No solo no tenemos datos de rebeldía, tenemos datos de obediencia.
¿Y qué le hizo Flores Tapia a las bodegas con material proselitista de Mario Moya? Pues eso sí estaría interesante saberlo. Se fue a donde se va toda esa propaganda de los perdedores. Algunos fieles al sistema y buenos perdedores, como el ya referido Mario Moya; otros, más rebeldes.
Apunte al aire
El PRI era el partidazo, el partido hegemónico. Lo dejó de ser no en el 2000. Dejó de serlo a partir de 2018, para dar paso a un nuevo partido, quizá no hegemónico, pero sí dominante.
La gran virtud de MORENA como movimiento y después como partido fue la inclusión. Es lo que hizo que arrasara en las elecciones subsecuentes y poco a poco haya borrado verdaderamente al PRI.
Hoy vivimos tiempos de filtros. Además de los de Instagram, Morena dice que va a revisar quién entra al partido. Deben tener cuidado y evitar que, en lugar de ser un partido donde caben todos, se convierta en el partido de los puros.
Ese camino tiene en una crisis terrible al PAN, que durante muchos años no admitió nuevos militantes y los enrolaba en exámenes para garantizar que sus militantes fueran puros. La fórmula no funciona. Veamos el ejemplo de San Martín: el partido tiene los mismos militantes que hace unos años. O menos…
Solo vean todos los que han migrado, los que ya no están, los que se fueron por falta de oportunidades, por falta de… inclusión. Hoy que intentan incluir, es el único partido que está viviendo un proceso interno. Parece que sí van a competir en 2027 y no a hacer el ridículo como en 2024. ¿Cuál fue la clave? La inclusión. El estar consciente de que es un partido plural.
Y regreso a Morena. Su éxito es porque ahí cabían desde los obradoristas “puros” hasta ex panistas, ex perredistas, ex priistas o ciudadanos apartidistas. De todo, pues. Es sin duda un riesgo para cualquier organización decretar una superioridad por haber estado antes o ser más puro.
Insisto, vean al PAN…
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