Es constante el reclamo de que no existe la libertad de expresión.
Que en su lugar hay censura, persecución y asfixia financiera en Puebla y la nación entera.
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La falsa narrativa proviene de las voces delirantes de inadaptados que no logran ajustarse al entorno social, a las leyes ni a la impartición de justicia.
Añoran la desaparición del Estado y sus gobernantes; van en contra de toda norma y apuestan por el caos y el regreso de los privilegios que alguna vez tuvieron y que los hizo ricos de manera escandalosa.
Hay soberbios dueños de empresas, medios de comunicación, comercios y universidades metidos a “columnistas” que aseguran que son perseguidos por lo que escriben o describen en cuestión de segundos en videos cortos, llamados “reels”, aunque mientan flagrantemente.
Teclean lo que se les antoja, agreden sin recato y no pasa nada.
¿Cuál censura?
Se pronuncian radicalmente en materia de comunicación, ignorantes de que la libertad de expresión tiene sus límites no de ahora, sino desde la Grecia de Sócrates, Aristóteles y Platón, quienes siempre proclamaron la imperiosa necesidad de hablar con la verdad y actuar por el bien común; alinearse con la moral, la justicia y el orden que deben imperar en una sociedad democrática.
La filosofía griega tenía que ver con la existencia del estado radicado en la voluntad popular para garantizar justicia y orden, condenando la mentira y manipulación que no entran en la libertad de expresión legítima. Esto no es de ahora, viene desde 500 años antes de Jesucristo.
Desde entonces ha estado regulada la libertad de expresión y el papel del Estado bajo restricciones jurídicas. La razón, la virtud y la moral reinan sobre la barbarie y los intereses oscuros que denigran al ser humano. Y esto debe prevalecer por encima de la modernidad, las generaciones de cristal, las ambiciones perversas que tergiversan la realidad.
Triste papel de los comunicadores que hablan de asfixia financiera, pero no dan a conocer los turbios negocios que los han enriquecido a costa del trabajo de los reporteros que, por su parte, son adoctrinados con odio para utilizar el chantaje como método del oficio periodístico.
Ninguna autoridad está obligada legalmente a contratar los servicios de un medio de comunicación.
¿Cuál asfixia financiera?
Hay que contar la historia completa para que la gente sepa de qué estamos hechos los periodistas. Porque hay de todo en la canasta comunicacional.
Que salgan a la luz los sucios secretos guardados.
No falta mucho.
POSDATA: Vociferan los inadaptados: “Estamos a favor de la independencia de los medios de comunicación”.
No existe en el mundo un solo medio independiente.
Las fuentes de financiamiento abundan de acuerdo a los intereses justos o malsanos.
Esta es una verdad irrefutable.