Ahora inicio mi colaboración con otra frase muy acorde a los tiempos que estamos viviendo tanto en México como en los Estados Unidos de cara al proceso electoral de 2027 y de este 2026, respectivamente: “Lo más difícil de ser presidente es ser ex presidente”.
No es de las más conocidas, pero sí de las más acertadas en estos tiempos, tan es así que en menos de una semana tres de ellos reaparecieron en el escenario nacional en distintos momentos y con el mismo objetivo, defender a sus correligionarias de los peligros derivados del combate a los cárteles de la droga y en general de la vecindad con los Estados Unidos.
Más artículos del autor
Los primeros dos hicieron acto de presencia en un evento público el sábado 30 de mayo en el estado de Chihuahua (Vicente Fox y Felipe Calderón) para arropar a la gobernadora de dicha entidad, emanada del PAN pero perseguida política más que jurídicamente por el autodenominado gobierno de México y el partido político Morena, que la acusan de “traición a la patria” por haber dado entrada a agentes de la CIA para que estos pudieran operar conjuntamente con la Fiscalía General del Estado en el desmantelamiento de un laboratorio donde se elaboraban drogas de diseño sin pedir autorización a la federación o por lo menos hacerla partícipe, no obstante que sí estuvieron presentes militares...
Por si fuera poco, el exgobernador de Chihuahua y emanado del mismo partido político que la actual gobernadora, pero hoy convertido en morenista, Javier Corral, la acusaba de haber ordenado su secuestro, todo con fines políticos para beneficiar a la eventual candidata de Morena a la gubernatura del también conocido como el estado grande.
El tercero de los expresidentes, Andrés Manuel López Obrador, no apareció públicamente pero sí lo hizo a través de su cuenta en la red social “X” y su intención fue similar, apoyar a la Presidenta de la República ante los embates intervencionistas del gobierno de Estados Unidos en los prolegómenos de las elecciones de noviembre de este año.
En su misiva acusa a los asesores y amigos del presidente Donald Trump de estar embarcándolo en siniestras aventuras como la del combate al narcoterrorismo, término que por lo que se aprecia no le gusta, sobre todo porque a esos grupos abrazó durante su mandato y ahora parece que las cosas se están revirtiendo y son el eje de lo que el segundo piso de la 4T denomina intervencionismo más que cooperación de parte de Estados Unidos.
Cabe subrayar que de los tres expresidentes antes mencionados, el que dijo que no volvería a la política fue López Obrador, quien en 2024 poco antes de dejar el cargo enfatizó que se jubilaría, que se retiraba de toda actividad pública, que se despedía de las redes sociales y que no recibiría a nadie ni a sus hijos si le llevaban algo que tuviera que ver con la política.
Tan no se pudo contener que apenas hace unos días recibió a su hijo del mismo nombre para avalar su aspiración a una diputación federal por Tabasco e incluso se tomaron una fotografía que el ex secretario de organización de Morena subió a sus redes sociales.
No debe perderse de vista que el presidente que mandó retirar la seguridad personal de sus hoy homólogos es el que goza de un dispositivo compuesto por militares y al menos 15 civiles que lo custodian a él y a su familia, destacando que solo por el personal civil el presupuesto invertido asciende a un millón de pesos mensuales, sin incluir los gastos de las camionetas blindadas y utilitarias para resguardar el inmueble desde donde fue emitida la carta publicada en la red social X y cuyo nombre aparece registrado por primera vez como “La Chingada”.
Finalmente llama la atención que a López Obrador ya no le preocupen los pobres de México sino que el presidente Trump ya no sea como el de antes, como aquel que no le exigía que detuviera y entregara narcotraficantes; quizá es lo que más extraña porque ahora no solo pide la detención de líderes de los cárteles de la droga, sino de gobernadores y funcionarios estatales que militan en el partido político que él fundó y son presuntos colaboradores de los grupos criminales, en cuya defensa se alega injerencia más que aplicación de la ley.
Por ahora el marcador entre expresidentes de derecha e izquierda que no se aguantaron y han vuelto a la escena política está empatado, solo falta que uno o varios gobernadores inclinen la balanza hacia algún lado y eso termine definiendo las elecciones de 2027, con o sin la ayuda de Trump y sus intervencionistas.