Por momentos, el acto realizado el pasado domingo en el Monumento a la Revolución pareció un informe de gobierno. En otros, un mensaje de rendición de cuentas. Sin embargo, visto desde la lógica de la comunicación política, fue el arranque formal de la narrativa con la que Morena buscará llegar fortalecido a las elecciones intermedias de 2027.
A dos años de haber ganado la elección presidencial que la convirtió en la primera mujer en encabezar el Poder Ejecutivo Federal, la presidenta Claudia Sheinbaum reunió a miles de simpatizantes en un evento que trascendió la conmemoración histórica.
Más artículos del autor
El mensaje no estuvo dirigido únicamente a quienes asistieron a la plaza o siguieron la transmisión. Su verdadero destinatario fue el país entero y, particularmente, los actores políticos que comenzarán a disputar el poder territorial durante los próximos meses.
En comunicación política, cuando un gobierno considera que la oposición no representa un riesgo suficiente para movilizar a sus bases, suele construir una narrativa de confrontación más amplia. Eso fue precisamente lo que ocurrió durante el discurso presidencial.
Sheinbaum eligió un concepto de comunicación que le ha resultado históricamente eficaz al movimiento de la Cuarta Transformación: la defensa de la soberanía nacional.
La referencia constante a presuntas presiones e injerencias extranjeras, particularmente provenientes de Estados Unidos, permitió transitar el debate de temas complejos de gestión hacia un terreno emocional y simbólico donde Morena se siente cómodo, la defensa de la patria frente a amenazas externas.
No se trata de un recurso nuevo. Andrés Manuel López Obrador construyó buena parte de su liderazgo político a partir de una narrativa de confrontación entre “el pueblo” y diversos poderes que consideraba privilegiados. La diferencia es que Sheinbaum está comenzando a imprimirle su propio sello. Mientras López Obrador privilegiaba la polarización interna, la Presidenta parece apostar por una combinación entre continuidad ideológica y nacionalismo institucional.
El mensaje también reveló otro elemento estratégico: la necesidad de cohesionar al movimiento. Morena enfrenta hoy un desafío distinto al de hace algunos años. Ya no es una fuerza política en expansión que lucha por conquistar el poder; es el partido gobernante. Y cuando un movimiento alcanza esa condición, los riesgos principales dejan de ser externos para convertirse en internos.
Las disputas por candidaturas, los grupos regionales, las sucesiones estatales y la definición de liderazgos para 2027 comienzan a generar tensiones inevitables. Frente a ello, la presidenta utilizó un recurso clásico, recordar que existe una causa superior que obliga a cerrar filas: la soberanía, la transformación y la defensa del proyecto funcionan, así como elementos de cohesión para una organización política cada vez más amplia y diversa.
La movilización simultánea en distintas plazas públicas del país no tuvo únicamente un propósito simbólico, también fue un ejercicio de demostración territorial. En política, la capacidad de convocatoria continúa siendo una forma de comunicación. Mostrar músculo organizativo envía mensajes hacia adentro y hacia afuera.
El discurso dejó claro que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha entrado en una nueva etapa. Los primeros meses estuvieron marcados por la consolidación institucional y la construcción de una identidad propia; llegó el tiempo de la disputa política abierta.
La Presidenta parece haber decidido que gobernar y comunicar ya no serán procesos separados. La comunicación será parte de la gobernabilidad y la gobernabilidad será parte de la estrategia electoral. Por eso el acto del Monumento a la Revolución no puede entenderse únicamente como una celebración de aniversario. Fue un mensaje de posicionamiento. Una señal para la oposición, para los actores internacionales, para los grupos internos de Morena y para la ciudadanía.
La Presidenta mostró que la campaña permanente de Morena continúa y la estratégica política y de comunicación está planteada.