Jueves, 2 De Julio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Morita nos recuerda cómo se construyen los triunfos

Nacen cuando cada integrante entiende que el éxito colectivo es más que el lucimiento individual

Araceli Molina Diz

Coautora del libro “La Campaña”, Guía para Estructurar Candidaturas; creadora del podcast Política en Femenino. Consultora con experiencia en políticas, gestión y administración públicas, comunicación política y perspectiva de género.

Miércoles, Julio 1, 2026

Hay días en que el futbol nos recuerda por qué nos enamoramos de este deporte. No por los goles ni por los campeonatos, sino porque, de vez en cuando, aparece alguien que nos devuelve la capacidad de creer.

Ver jugar a Gilberto Mora, con apenas 17 años, es encontrarse con un futbolista que parece no entender de edades. Juega con la serenidad de quien lleva años en la cancha, con la personalidad de quien no se intimida ante los grandes escenarios y con el talento de quien demuestra que los sueños también pueden llegar temprano.

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Más allá del triunfo de la Selección Mexicana, hay algo que nadie podrá quitarle, haber despertado ilusión. Quizá ese sea su mayor logro. Que miles de niñas, niños y adolescentes lo miren y piensen: "Si él pudo llegar, ¿por qué yo no?".

Pero detrás de esa ilusión hay una verdad que pocas veces queremos reconocer: el talento por sí solo nunca alcanza.  El talento necesita disciplina. Necesita constancia. Necesita humildad. Necesita aprender a jugar en equipo.

Y esa es una lección que va mucho más allá del futbol. Quienes trabajamos en el servicio público sabemos que, con demasiada frecuencia, las oficinas se llenan de resignación antes que de entusiasmo; de inercias antes que de iniciativas; de la idea de que nada puede cambiar. Es fácil acostumbrarse a hacer únicamente lo indispensable, a esperar instrucciones, a asumir que el esfuerzo individual poco modifica una realidad compleja.

Y sería injusto culpar únicamente a las personas. Vivimos tiempos difíciles. La inseguridad, la incertidumbre económica y el desgaste institucional terminan por apagar el ánimo incluso de quienes llegaron con vocación de servir.

Sin embargo, ningún equipo gana un campeonato desde el pesimismo; los triunfos no ocurren por casualidad, se construyen todos los días; se entrenan; se coproducen. Nacen cuando cada integrante entiende que el éxito colectivo es más importante que el lucimiento individual.

Esa lógica debería inspirar también a nuestros gobiernos. Las administraciones públicas necesitan menos burocracias resignadas y más equipos convencidos de que servir puede transformar vidas. Necesitan personas que entiendan que cada trámite resuelto, cada parque recuperado, cada calle iluminada y cada problema atendido forman parte de una victoria compartida. El deporte nos enseña algo que la política a veces olvida: nadie gana solo.

Ojalá sepamos cuidar a nuestros jóvenes talentos y aprender de ellos. Ojalá los gobiernos recuperen la ilusión de trabajar con disciplina, humildad y fraternidad. Porque México necesita futbolistas como Gilberto Mora, pero también necesita servidoras y servidores públicos que entrenen todos los días con la misma convicción con la que él sale a la cancha.

Hoy Gilberto Mora juega para México. Pero, sin proponérselo, también juega por los sueños de toda una generación. Y quizá ahí radique la mayor de las victorias. Recordarnos que el futuro no depende únicamente del talento que tenemos, sino de la actitud con la que decidimos construirlo, juntos.

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