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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Una nueva rebeldía

Urge una rebeldía no violenta ni estridente, sino ética y lúcida, que mire de cara a la realidad

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Jueves, Enero 15, 2026

A mi hijo Rubén por su cumpleaños.

El hombre rebelde -escribe Camus- es aquél que dice: “No, basta, hasta aquí”. También el que dice: “Sí, porque tengo dignidad” (1). Su “no” se desprende del “sí”. Ambos están imbricados. El hombre rebelde, ese ensayo de 1951, escrito a lo largo de diez años, recogió la visión y el compromiso de un hombre de pensamiento y de letras ante la situación de su tiempo: las ideologías y la geopolítica imperantes en la segunda mitad del siglo pasado. En este segundo cuarto de siglo, ¿habrá una nueva rebeldía?

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En el mencionado ensayo, Camus analiza dos siglos de Modernidad. En dicho análisis va describiendo cómo la rebelión, con sus reclamos de justicia y dignidad, se transforma en revolución, con su imperio burocrático y de poder. La revolución no resolvió el problema de las injusticias ni del llanto de los inocentes, sino que terminó justificándolos: sacrificó el presente por un futuro promisorio (2). El cielo (lo divino) ha caído y, ahora, hay que construir la tierra (lo humano). Pero la justicia no llegó (3).

La revolución fracasó, implantó ídolos como nuevos rostros del poder: el líder, el partido, el programa. Las libertades fueron suprimidas o, mejor dicho, absorbidas por la adhesión y la obediencia ciega a esos ídolos. Cualquier discrepancia fue eliminada. Las críticas a la revolución, especialmente a la extinta URSS, le costaron a Camus la ruptura con sus antiguos compañeros, como Sartre, con quien además tenía diferencias intelectuales sobre la existencia, el mundo y el absurdo (4).

Esa exclusión del ambiente intelectual y político no sólo ocurrió con Camus, también pasó con Orwell y, en México, con Octavio Paz. Parece ser que el pensamiento crítico, independiente, genera escozor, incluso entre los que parecían comulgar con la misma causa: enfrentar al enemigo, especialmente las injusticias, sobre todo provenientes del poder. Pero en esos siglos de Modernidad, si bien hay giros y pretensiones positivos, al final prevaleció el poder, con otro lenguaje y otros ritos secularizados.

Traer hoy a Camus no es por un ejercicio de nostalgia intelectual; si bien las circunstancias históricas son distintas, los riesgos son semejantes. Como señala Edgar Morin, vivimos nuevas formas de sumisión política, cultural y social, tanto de las sociedades como de las personas. “Lo improbable puede llegar a suceder.” (5). Y está sucediendo. Por ello es necesaria una nueva rebeldía que se sostenga en la dignidad humana de todos, especialmente de los más vulnerables y excluidos.

Lo anterior no sólo se mira en el globo y en la región, sino en nuestro país. En México ha ocurrido una metamorfosis de la dinámica política. La corrupción, la impunidad, la desigualdad y la falta de desarrollo humano siguen presentes, como las injusticias que denunciaba El hombre rebelde de Camus, pero el régimen actualmente gobernante los ha justificado con el halo de la 4T.

La violencia y el crimen organizado proliferan a lo largo y ancho del territorio nacional, pero la presidenta señala que vamos muy bien. Y sus coros terrenos y mediáticos lo repiten sin cesar. El poder sigue imponiéndose.

Esto me recuerda un texto de Guardini que no puedo dejar de citar: “Todo ello en nombre del bienestar del pueblo, del provecho de la comunidad, del ascenso de [la persona] hacia una perfección corporal, espiritual y cultural cada vez más alta.” (6). El teólogo se refería a una de las premisas que utilizaba el nacionalsocialismo en los años veinte del siglo pasado, momentos en que iba en ascenso ese movimiento que terminó identificando al partido con la nación. Camus, por su parte, no dejó de denunciar al terrorismo de Estado, tanto irracional (fascismo) como racional (comunismo) (7).

Los sucesos ocurridos a inicios de año, la captura de Nicolás Maduro por los Estados Unidos y la mira de Trump sobre Groenlandia, marcan un cambio de paradigmas del poder, pero éste sigue incólume. El globalismo, surgido a partir de la caída del Muro de Berlín, ha sido abandonado. Lo que comienza a verse, con cierta nitidez, es lo que algunos denominan el neofeudalismo militar, político, tecnológico y económico encabezado por Estados Unidos, China y Rusia. El poder tiene la primacía de nuevo.

No se trata de soslayar el poder; éste tiene sentido si se pone al servicio de las personas y comunidades. El poder político tiene grandes dimensiones y, así como ha provocado catástrofes de toda índole —como las conflagraciones mundiales y las dictaduras actuales—, puede generar bienes públicos para el desarrollo humano. El problema es que si no está acotado ni es vigilado por una conciencia crítica y moral por parte de la sociedad, se desborda deshumanizando todo lo que esté a su paso.

Urge una nueva rebeldía no violenta ni estridente, sino ética y lúcida. Rebeldía que mire de cara a la realidad y se atreva a discernir —como proponía Guardini— qué puede cambiarse, mejorarse o elevarse (8). Una rebeldía que recupere la dignidad como origen y fin de todo ser y quehacer humanos, y no como discurso vacío. Los jóvenes pueden detonarla; y se podrá mantener si se vuelve una actitud compartida. Allí donde alguien diga “no” para afirmar la dignidad humana, el poder deja de ser absoluto y la esperanza —aunque frágil— vuelve a abrirse horizonte.

Referencias
1 Albert Camus, El hombre rebelde, Alianza, México 1989, p. 21ss.
2 Fidencio Aguilar, Mística y política, Edamex, México 2000, pp. 71-79.
3. Fidencio Aguilar, “La educación, fuente y resultado del humanismo”, Espíritu, núm. LII, 2003, pp. 263-265.
4. Rosa de Diego, Alber Camus, Síntesis, Madrid 2006, pp. 77-79.
5. Gonzalo Suárez, «Las reflexiones del filósofo Edgar Morin a sus 104 años: ‘La sociedad es cada vez más sumisa, debemos pasar a la resistencia’», entrevista, El Mundo,
6. Romano Guardini, Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid 1985, p. 273.
7. Camus, op. cit., pp. 202-212 y 213-273.
8. Cf. Romano Guardini, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Buenos Aires 1994, p. 135.

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