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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El dilema

Por un lado, la lealtad de la Presidenta; por otro, las presiones de EE.UU. contra México

Fernando Vázquez Rigada

Licenciado en Derecho UNAM, Maestría en Derecho Universidad de Harvard, Diplomado en Mercadotecnia Política ITAM. Primer mexicano en “Bradshaw Seminar”. Presidente PCN Consultores, empresa con más de 89 campañas electorales, dos presidenciales

Martes, Enero 13, 2026

La Presidenta está atrapada en un dilema sumamente complejo. Por un lado, residen sus convicciones y su lealtad. Posee una formación de izquierda, probada, dilatada y respetable. También es una mujer de lealtades.

Su gratitud hacia su antecesor es genuina y, me parece, la ha obligado a pagar costos muy altos en cuanto a su credibilidad y popularidad.

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Por otro, está el realismo. México está siendo triturado por las presiones de Estados Unidos, algunas justas, otras no. Con la llegada de Morena al poder, se aprobaron una serie de reformas —de energía a la destrucción del Poder Judicial— que van en contra del T-MEC: la columna vertebral de la economía mexicana.

En el afán de llegar al codiciado poder, Morena armó una complicidad con el crimen organizado que hoy ha martirizado a la sociedad y tensado la relación bilateral. Como consecuencia, Estados Unidos demanda una cadena interminable de concesiones económicas —unas cien— y, también, la entrega de líderes morenistas coludidos con el narco.

Hasta ahora, la Presidenta ha jugado con astucia. Ha tratado, como equilibrista, de mantener en paz a tirios y troyanos.

Para calmar a las huestes de su partido, ha avanzado en reformas radicales; ha aceptado nombramientos costosos; ha mantenido lazos con las dictaduras de izquierda y se ha envuelto en la retórica nacionalista.

Al mismo tiempo, ha entregado —casi— todo lo que ha demandado Trump. Ha hecho caso omiso a su agresividad verbal y ha procurado mantener abiertos los canales de cooperación.

En suma, la vieja máxima de “hagan caso a lo que hago, no a lo que digo”. Pero eso se está agotando.

El golpe al dictador Maduro le estrechó los márgenes de maniobra. Ya no pudo quedar bien con ambos y trató de distanciarse de Estados Unidos. El resultado fue la peor amenaza directa en un siglo: “llegó el momento de operaciones terrestres contra los cárteles”, dijo el presidente de Estados Unidos.

En medio del dilema está su relación con Cuba: dictadura mártir para la ultra izquierda, siguiente ficha a caer en el tablero de Estados Unidos y cambio de régimen que es tema personal del secretario Marco Rubio.

Más grave, sigue pendiente la presión para entregar a Estados Unidos a los políticos protectores del narco.  El primer círculo del morenismo pensó por meses que Trump era bluff. Que no se atrevería a usar la baza militar.

Tras la detención de Maduro, se dieron cuenta que las advertencias a México eran serias. Terriblemente serias.

No hay salida gratuita a este callejón. Si la Presidenta entrega todas las concesiones económicas que Estados Unidos exige, enfrentará una revuelta interna y tendría que hacer a un lado sus convicciones. Si no lo hace, la dependencia hacia Estados Unidos nos lanzaría a la bancarrota por las represalias previsibles.

Si entrega a los políticos socios del narco, implicaría romper con su antecesor. Si no lo hace, arriesga la soberanía facilitando el pretexto para acciones en territorio nacional.

Se dice que el régimen estaba feliz con la llegada de Trump. Pensaban que sería más llevadera que una presidencia de Kamala Harris.

Por eso tenía razón Oscar Wilde: en la vida hay dos tragedias y sólo dos. Una es que no se cumplan tus sueños. La otra es que cumplan.

@fvazquezrig

 

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