En aquel 2010, cuando el entonces gobernador poblano Mario Marín Torres eligió a Javier López Zavala su sucesor, para ambos era impensable que se volverían a reunir 16 años después en el penal federal de alta seguridad de Altiplano, en Almoloya de Juárez.
Ambos personajes, los otrora hombres poderosos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de esa primera década del 2000, gobernador y candidato en 2010, están en prisión por violencia de género, en ambos casos, por acciones extremas.
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Marín, el pupilo de los mandatarios poblanos a los que sirvió como subsecretario de Gobernación, se convirtió en un experimentado operador político de cañería del régimen priista hasta ocupar la gubernatura, cargo que utilizó para encarcelar a la periodista Lydia Cacho Ribeiro.
En el año 2005, recién había asumido la gubernatura, Marín utilizó al Ministerio Público de la entonces Procuraduría General de Justicia, dependiente del Poder Ejecutivo, y con el control del Tribunal Superior de Justicia, para demandar y detener a una mujer, a la escritora Cacho.
17 años después de lo ocurrió a Lydia Cacho, el 21 de mayo de 2022, el pupilo de Mario Marín Torres, el chiapaneco ciudadanizado poblano, Javier López Zavala, excandidato a gobernador ungido por su mentor para sucederlo, ordenó asesinar a la abogada y activista Cecilia Monzón Pérez, su expareja y madre del hijo que procrearon.
Dos mujeres, la periodista Lydia Cacho Ribeiro, y la abogada y activista Cecilia Monzón Pérez, en distintos momentos y circunstancias, fueron víctimas de las atrocidades de dos políticos en prisión, Mario Marín Torres y Javier López Zavala, que compartirán una celda del penal del Altiplano, juntos nuevamente como cuando ejercían el poder público en Casa Aguayo.
Mario Marín versus Lydia Cacho: persecución y tortura por revelar red de pederastia
Autora del libro Los demonios del Edén sobre la red internacional de pederastas que exhibía y explotaba en Cancún, Quintana Roo a niños y niñas en el comercio sexual.
Fue demandada por uno de los empresarios aludidos, Kamel Nacif Borge, amigo de Mario Marín, y éste utilizó el cargo para detener a Lydia Cacho por el presunto delito de difamación.
La orden de aprehensión la emitió una jueza de consigna, misma que ejecutaron un jefe policial y agentes judiciales en Quintana Roo; Lydia fue traída vía terrestre, víctima de vejaciones y actos de tortura psicológica, misma que siguieron al ser internada en el penal estatal de San Miguel, en la ciudad de Puebla.
La detención de la periodista como represalia por la publicación del libro que destapó la cloaca de pederastas que operada por el empresario de origen libanés Succar Kuri.
Se generó un escándalo nacional al hacerse pública una conversación telefónica entre Kamel Nacif y Mario Marín, donde se reveló la colusión entre ambos para detener a la periodista.
La presión social y mediática obligó al gobierno de Marín a modificar la medida cautelar a Lydia Cacho para seguir proceso en libertad, pero a la par se presentó una demanda de juicio político y desafuero constitucional de Marín; protegido por los ministros de la SCJN, al considerar que la información obtenida de la colusión fue ilegal, sin orden judicial, lo exoneraron.
Posterior al escándalo por el desafuero Marín libró el juicio político, pero no el escándalo histórico que lo persigue con el mote que lo acompañará hasta la muerte: “el góber precioso”.
El costo político a Marín y al marinismo por el caso Lydia Cacho fue la derrota electoral en el 2010 con el fracaso de la postulación de Javier López Zavala a la gubernatura, derrotados por su excorreligionario Rafael Moreno Valle a quien echaron del PRI.
Empero, en años posteriores, el exgobernador Marín no pudo evadir la demanda penal por el delito de tortura interpuesto por la periodista Lydia Cacho y fue detenido en su escondite en Acapulco, Guerrero, el 3 de febrero del 2021.
"Llevo 14 años buscando justicia por haber sido torturada por este cómplice de redes de pornografía infantil”; “vamos por todos" los demás, amenazó entonces la víctima de tortura, de violencia de género y de persecución por su trabajo periodístico.
En prisión domiciliaria, Marín operó como tutor político: el jefe de jefes
El año 2024 parecía sonreírle la suerte y la justicia federal a Mario Marín al obtener de la jueza penal federal Angélica del Carmen Ortuño Suárez el cambio de medida cautelar de prisión domiciliaria, del Altiplano en Edomex a su residencia de Xilotzingo.
Después de poco más tres años tras las rejas en el penal de Almoloya Juárez, ahora con brazalete electrónico y “supervisión directa”, una vez que Morena y su candidato ganaron la gubernatura, Marín hizo de su residencia una oficina de consultoría política.
Desfilaron por su casa de Xilotzingo los políticos expriistas ahora de Morena, periodistas y empresarios. Marín intensificó su activismo político al regresar por sus fueros como el otrora 01 del poder político en el estado, pese a estar procesado por el delito de tortura.
Marín recibió en su “jaula de oro”, siempre de buen humor -como consta en una imagen estática con un par de periodistas y empresarios- a todos los funcionarios del gobierno de Morena, todos ellos sus excolaboradores cuando fue gobernador.
Pero a Marín Torres le duró poco el gusto, menos de siete meses como publirrelacionista y consultor político, porque el Tribunal Colegiado de Apelación del Vigésimo Séptimo Circuito, con sede en Cancún, Quintana Roo, revocó la medida que le había otorgado la jueza federal.
Los magistrados consideraron que existía un “riesgo de fuga y la gravedad de los hechos imputados”, de acuerdo con la apelación de la Fiscalía General de la República (FGR), a través de la Fiscalía Especial en Materia de Derechos Humanos (FEMDH).
La tarde del 1 de abril de 2025 Marín al penal fue devuelto de alta seguridad del Altiplano para continuar su proceso penal por el delito de tortura contra la periodista Lydia Cacho, el mismo lugar donde será enviado López Zavala a purgar la condena de sesenta años de prisión.
Feminicidio: López Zavala, al igual que su mentor, ejerció violencia de género
El 22 de diciembre de 2025 el juez de la causa halló culpable a López Zavala por el delito de feminicidio de Cecilia Monzón Pérez.
Nueve días después, el 31, el juzgador lo sentenció a sesenta años de prisión, la pena máxima como autor intelectual, y la misma condena para los autores materiales Jair N. y Silvestre N.
La acción criminal tanto del exgobernador poblano Mario Marín Torres como del excandidato Javier López Zavala, en agravio de las víctimas, tanto para unas como para otras familias, ha sido una tragedia, en la medida que el perfil criminal de uno y otro hizo de sus familias víctimas colaterales.
Al final fue la acción criminal de ambos personajes es el resultado de la podredumbre en el ejercicio del poder político y público en el país, donde abundan la putrefacción, corrupción, pudrimiento y descomposición de gobernantes, unos en el pasado, otros en el pasado reciente y muchos más en el presente, con el mismo ADN.
¿Les suenan los nombres de Adán Augusto, Rubén Rocha, Américo Villarreal, Cuauhtémoc Blanco, Layda Sansores, Javier Corral, Javier Duarte, Fidel Herrera (+), Rubén Figueroa (+), Luis Echeverría (+), Gustavo Díaz Ordaz (+), Luis N. Morones (+), Maximino Ávila Camacho (+) …?
Marín y Zavala pertenecen a esa podredumbre que hicieron escuela con aquellos que ejercen el poder con autoritarismo, prepotencia caciquil avilacamachista; se sienten “dioses”, todopoderosos, arrogantes y soberbios... al grado de convertirse en feminicidas.
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